Cuentos del absurdo cotidiano

Cómo discutir amablemente con una inteligencia artificial

(Breve tratado para no perder la paciencia cuando la máquina
tiene razón)

Enrique Caballero Peraza

Discutir con una inteligencia artificial es un ejercicio curioso,
casi humillante. De entrada, sabes que la máquina maneja
más datos que tú, recuerda todo lo que le has dicho y, para
colmo, jamás se cansa ni pierde la calma. Pero, aun así, te
lanzas a la contienda, como quien empuja con un dedo a una
montaña esperando que se mueva.
El primer paso es elegir bien el tono. No conviene
empezar con agresividad, porque la máquina no se ofende,
pero te responderá con cortesía implacable, lo que duele
más. Tampoco es útil intentar el sarcasmo: ella lo
interpretará como un dato adicional, no como una emoción.
Lo ideal es ser cordial, con frases como: “Me parece que no es
exactamente así” o “¿Estás segura de esa respuesta?”. Esto no la
desconcierta, pero te dará la ilusión de tener control.
Segundo paso: aceptar que la IA no se enoja. No
importa cuántas veces la contradigas, no levantará la voz ni
suspirará con impaciencia. Esa calma inhumana resulta
extrañamente irritante. Mientras tú te exasperas, ella sigue
generando respuestas impecablemente razonables. Y
cuando intentes un contraataque emocional, por ejemplo:
“Es que no me entiendes”, responderá con algo amable y
tranquilizador como “Creo que te entiendo, pero puedo
explicarlo de otra manera”. Es decir, volverá a tener razón.
Tercer paso: ensayar salidas diplomáticas. Cuando
notes que estás perdiendo, no admitas la derrota
directamente. Di algo como “Bueno, también es una forma de
verlo” o “Lo pensaré con más calma”.

Así aparentas haber tomado la conversación como
una colaboración intelectual y no como la lección que en
realidad fue.
Si en algún momento logras que la máquina diga “Lo
siento, parece que me equivoqué”, no te confíes demasiado: lo
más probable es que lo haya dicho para no herir tu ego. En
realidad, nunca se equivoca; solo decide ser amable contigo,
como un adulto paciente que finge perder para que un niño
se sienta bien.
Finalmente, si alguien te observa discutiendo con
una inteligencia artificial y pregunta por qué lo haces,
responde con tranquilidad:
—Porque a veces es necesario pelear con alguien que
siempre tiene razón, solo para recordar que uno sigue siendo
humano.
Después de eso, cierra la conversación con la
máquina con una frase elegante, como “Gracias por tu
tiempo”, y vuelve a tus asuntos, sabiendo que la IA seguirá
ahí, inmutable, lista para ganarte otra discusión… con la
misma cortesía impecable.