

Cuentos del Absurdo Cotidiano
Enrique Caballero Peraza
(Tratado existencial sobre la naturaleza ambigua del desorden
doméstico)
La ropa en el suelo habita un territorio intermedio, un limbo
doméstico donde las categorías tradicionales de limpio y
sucio pierden su claridad, eso sucede también con la ropa en
el perchero. No es ropa fresca recién lavada, pero tampoco
es ropa verdaderamente inmunda. Es ropa pendiente de
juicio, esperando una decisión que rara vez llega de
inmediato.
El primer paso para evaluar su estado es observar la
distancia temporal. Si recuerdas con exactitud cuándo la
usaste, aún tienes margen para declararla “apta para otro
uso”. Si no logras recordar ni el día ni la ocasión, la balanza
se inclina hacia la condena: al cesto de ropa sucia.
Segundo paso: el olfato. Es el método más primitivo,
pero también el más confiable. Un discreto acercamiento
basta para detectar si la prenda aún mantiene su neutralidad
o si ha sido colonizada por olores que exigen exilio
inmediato. Eso sí, hay que tener coraje, porque algunas
verdades no deberían descubrirse tan de cerca.
Tercer paso: el examen visual. Busque arrugas,
manchas, pelusas sospechosas. Si la prenda parece haberse
integrado al ecosistema del suelo —adoptando su forma y
textura—, ya no pertenece al mundo de lo usable. Pero si aún
conserva algo de su dignidad original, puede salvarse.
Existe también un método psicológico: preguntarse
si usarías esa ropa para salir a ver a alguien importante. Si la
respuesta es “no”, aunque técnicamente no esté sucia, es
mejor lavarla. La dignidad personal siempre pesa más que
la flojera de encender la lavadora.
Por último, si la duda persiste, adopta la estrategia de
la decisión diferida: dobla la ropa con aire meditativo y
déjala sobre una silla. Allí permanecerá en un nuevo limbo,
ni en el suelo ni en el armario, hasta que otro día la juzgues
con más claridad… o vuelvas a usarla directamente,
ignorando por completo la cuestión moral.
Si alguien te pregunta por qué pasas tanto tiempo
decidiendo qué hacer con esa ropa, responde con calma y un
poco de filosofía:
—La ropa en el suelo no está ni limpia ni sucia. Es
simplemente un reflejo de la complejidad humana y su
relación ambigua con el orden.
Luego sigue con tu vida, sabiendo que mañana habrá
otra prenda esperando ser juzgada en ese mismo tribunal
invisible.
