Por Delfino Campos Solís
Tiempos difíciles y tiempos de reflexión. Tiempos de redimensionar los conceptos de la vida y tiempos de reinventarse el hombre como ser social y ser parte de una humanidad con rumbo a un cambio que es inevitable. Rumbo a otro estilo de vida que también es inevitable. Cambio, pues, de paradigmas y de esquemas conceptuales acerca de la vida, en sí, como un don que se nos ha dado y un privilegio para vivir sobre la tierra. Cambios después de los tiempos de pandemia.
Estamos hablando, pues, de la nueva normalidad que viene después del confinamiento. Después de la pandemia. También nos queremos referir a tiempos de aprendizaje para unos y tiempos de desaprendizaje para otros. Son cambios de percepción de la vida del hombre en esta que va a ser la otra sociedad con otra forma de ser y de sentir las cosas. Con una nueva normalidad viviendo con los protocolos después de la pandemia.
Cambios de estilos de vida y cambios de forma de ser y de pensar en tiempos del covid. Los tiempos del covid han traído enseñanzas que muchos olvidarán en poco tiempo pasada la pandemia. Tal parece que la humanidad aún no está preparada para vivir y mucho menos para convivir con sus semejantes, así lo ha demostrado el hombre en tiempo de crisis sanitaria cuando no toma las medidas pertinentes para cuidar su salud. En la calle, verás amigo lector, andan los que no creen y también en la calle anda la pandemia en busca de gente incrédula.
Al parecer, el hombre aún no ha trascendido al nivel del hombre que ama a su prójimo. El ser humano aún no ha alcanzado el conocimiento de sí mismo para amar a los demás y amar al mundo. En los tiempos de la pandemia, el ser humano aún no ha comprendido que debe cuidarse y cuidar a los demás. Es incomprensible, resulta pues inverosímil, que para que el hombre cuide su vida, se tenga que hacer uso de la fuerza pública, es decir, que otros lo obliguen a cuidar su propia vida.
En plena emergencia sanitaria, la gente anda sobre las calles como si fuera cualquier otro día y sin protección alguna. Sin respetar, pues, esa sana distancia como medida de prevención frente a la pandemia. El escenario pareciera normal en la ciudad como cualquier otro día con la gente sin acatar las medidas de sana distancia. En los mercados y en las calles, verás querido lector, pululan los que no creen en la pandemia poniendo en riesgo a los que sí creen. En los hospitales escasean espacios para atender gente con la enfermedad que ha invadido el mundo.
Y, paralelamente, también el río suena llevándose troncos y agua turbulenta murmurando en su propio lenguaje tan incomprensible. El rumor caudaloso se expande como otra pandemia que cambia, a veces, el sentido de lo que está pasando. Y la gente, pues, desconfía a causa de los rumores de otras gentes que han sido víctimas de la pandemia que ha asolado a la población mundial.
Y es, pues, una pesadilla que se ha apoderado de la gente, incrédula o no, creando una sicosis general. Tal vez, una élite de poder mundial, dicen algunos, trama planes nefastos. El tema de la pandemia tiene muchas aristas y, como en todo, se ha generado una serie de comentarios que de tanto y tanto podrían ser una pista de todo lo que está pasando, en fin, tiempo al tiempo querido lector…
En lo que son peras o manzanas, lo que sí resulta irrefutable es mantener el cuidado necesario. Tal parece que sólo con una pandemia el hombre se ve obligado a tomar las medidas necesarias para cuidar su salud. Vale decir, el factor tiempo es el que dirá la última palabra en todo lo que está sucediendo y con el tiempo no se juega.
La ley de la naturaleza es la única que se cumple sin corruptelas ni juegos políticos, ni regala despensas ni compra votos. Todo está medido. Todo está calculado en esta trama donde el hombre es el actor principal de la novela llamada la pandemia. Nos leemos en la próxima entrega…salud…
