El Dedo que Decide Quién Manda a la Policía

 

Por: Lic. Christian Manuel Patiño Bello

 

Mucho se habla de la falta de capacidad y de profesionalización del policía, pero pocos hablamos de aquellos elementos que se preparan día a día para hacer mejor su trabajo, que estudian, se documentan y se mantienen actualizados en los nuevos lineamientos que rigen la función policial.

Desgraciadamente, en los tres órdenes de gobierno seguimos viendo prácticas de favoritismo, compadrazgo y padrinazgo. Cuando alguien cercano llega al poder, en ocasiones coloca a personas de su confianza en puestos de mando, sin que necesariamente cuenten con la experiencia o la preparación que exige esa responsabilidad.

Y quiero aclarar algo: no estamos en contra de los nombramientos, sino de que se coloque a una persona al frente de una institución de seguridad pública sin considerar si cuenta con el perfil adecuado.

Dirigir una corporación no consiste solamente en portar un uniforme distinto, dar órdenes o tener una oficina. Significa tomar decisiones que pueden poner en riesgo la vida de los policías y de los ciudadanos.

El problema comienza cuando la amistad pesa más que la preparación y la recomendación vale más que los méritos.

Continuamente vemos cómo elementos que han dedicado años al servicio, que conocen el trabajo operativo y que incluso cuentan con preparación académica, se quedan esperando una oportunidad. Mientras tanto, otros llegan a ocupar puestos de mando sin haber recorrido una trayectoria que respalde su responsabilidad.

Esto también ocurre con los ascensos. No se trata de cuestionar la capacidad de una persona por su edad o género, ni de impedir que una mujer recién incorporada pueda demostrar su talento. Se trata de exigir que todos cumplan con criterios claros y objetivos. La capacidad no depende de ser hombre o mujer, sino de contar con las aptitudes, los conocimientos y la preparación necesarios.

Porque ¿de qué sirve pedirle al policía que estudie, se capacite y se profesionalice si, al final, las oportunidades pueden depender de quién lo recomienda?

Cuando el mérito pierde valor, se genera desmotivación y se desperdicia el talento de quienes podrían contribuir al fortalecimiento de las instituciones.

La solución está en profesionalizar los ascensos y los mandos

La Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública contempla mecanismos para fortalecer la carrera policial y establece criterios relacionados con la profesionalización, la antigüedad, los méritos y la evaluación del desempeño. Asimismo, regula las promociones de grado y reconoce la importancia de las aptitudes de mando y liderazgo.

Los Lineamientos Generales para el Servicio Profesional de Carrera de las Personas Integrantes de las Instituciones de Seguridad Pública, publicados en agosto de 2026, también establecen reglas para los procedimientos de promoción.

Por ello, debemos exigir que estas disposiciones se cumplan, que existan convocatorias transparentes, evaluaciones objetivas y mecanismos que permitan verificar quiénes reúnen los requisitos para ascender.

También debemos distinguir entre un ascenso de grado y un nombramiento para ocupar un cargo de dirección, pues jurídicamente no son lo mismo. Aunque las autoridades cuentan con facultades para realizar determinadas designaciones, eso no elimina la necesidad de establecer perfiles profesionales adecuados y exigir resultados.

Mi propuesta es sencilla: que las instituciones policiales fortalezcan sus mecanismos de selección y promoción, que los méritos tengan un valor real y que quienes ocupen puestos de mando acrediten conocimientos, experiencia y capacidad de liderazgo.

No podemos exigir policías profesionales y, al mismo tiempo, permitir que el compadrazgo tenga más peso que la preparación.

Quien dirige una corporación debe entender que no recibe un premio, sino una responsabilidad. Tiene bajo su mando a mujeres y hombres que arriesgan la vida y que necesitan líderes capaces de tomar decisiones, conocer la ley y responder ante situaciones complejas.

La seguridad pública necesita mandos preparados, no solamente personas recomendadas.

Porque cuando el dedo decide por encima del mérito, no solo se perjudica la carrera de un policía; también se debilita a la institución que tiene la obligación de proteger a la sociedad.

¿Queremos instituciones policiales donde asciendan los mejor preparados o instituciones donde los mejor preparados tengan que esperar a que alguien los recomiende?

Mientras no respondamos con hechos a esta pregunta, seguiremos hablando de profesionalización policial sin atender uno de sus grandes obstáculos.

Porque el uniforme representa autoridad, pero el mando se demuestra con capacidad. Y la confianza de la ciudadanía no se gana con recomendaciones, sino con resultados.