
Jorge Laurel González
“Viajar enseña tolerancia.” Benjamin Disraeli (1804-1881), estadista, político y novelista británico.
Las cifras del turismo mexicano correspondientes al primer semestre de 2026 merecen celebrarse. Pero también merecen analizarse con cuidado. Porque detrás de los récords existen tendencias distintas, algunas extraordinariamente favorables y otras que nos advierten que en turismo nunca podemos confiarnos ni pensar que el éxito está garantizado. La Secretaría de Turismo federal informó que entre enero y junio llegaron a México 51.1 millones de viajeros internacionales, 7.7 por ciento más que durante el mismo periodo de 2025. De ellos, 24.5 millones fueron turistas internacionales, es decir, personas que permanecieron cuando menos una noche en nuestro país, cifra 4.6 por ciento superior a la del año anterior. Ambos registros constituyen máximos históricos. El dato económico también es relevante: los viajeros internacionales dejaron en México alrededor de 18 mil 780 millones de dólares durante el semestre. Aquí encontramos el primer matiz que conviene observar: mientras el número de viajeros aumentó 7.7 por ciento y el de turistas 4.6 por ciento, el ingreso correspondiente creció solamente alrededor de 0.5 por ciento. Es decir, estamos recibiendo más personas, pero el crecimiento de la derrama no avanza a la misma velocidad. Junio confirmó esta tendencia. El INEGI registró 8 millones 189 mil viajeros internacionales, 2.1 por ciento más que en junio de 2025; de ellos, 4 millones 112 mil fueron turistas internacionales, 1.1 por ciento más. El gasto de los viajeros alcanzó aproximadamente 2 mil 913 millones de dólares, con un incremento anual de 5.9 por ciento. También mejoró el gasto promedio de los turistas que llegaron por vía aérea, un indicador particularmente importante para los destinos de mayor valor agregado. Otro de los grandes ganadores del semestre fue el turismo de cruceros. México recibió alrededor de 6.6 millones de cruceristas, 15.2 por ciento más que el año anterior, quienes dejaron unos 575 millones de dólares, con crecimiento de 18.7 por ciento. Para los puertos mexicanos, y particularmente para los destinos del Pacífico, este incremento constituye una oportunidad que debe traducirse en mejores productos turísticos, excursiones, gastronomía, comercio organizado y experiencias capaces de lograr que una mayor proporción del gasto permanezca en las comunidades receptoras. El turismo nacional sigue siendo, además, nuestra gran columna vertebral. Sectur reportó 53.6 millones de llegadas de mexicanos a cuartos de hotel durante el primer semestre, aproximadamente 733 mil más que un año antes. Y debe recordarse que esta estadística no incorpora a quienes se hospedan con familiares, amigos, viviendas propias o numerosas modalidades distintas al alojamiento hotelero tradicional. La presidenta Claudia Sheinbaum ha mencionado estos resultados en varias ocasiones y ha recurrido a una expresión eficaz: “México está de moda”. El 15 de mayo señaló que México posee una gran reputación internacional y vinculó parte de este atractivo con nuestro pueblo, nuestra cultura y el momento que vive el país. Más recientemente, el 13 de agosto celebró los 51.1 millones de viajeros del semestre y reiteró la invitación a conocer México, recordando además la aspiración gubernamental de colocar al país entre las cinco naciones más visitadas del mundo. La frase funciona. Las cifras le dan sustento. Pero quienes vivimos del turismo sabemos que debemos ir un poco más allá. Por ejemplo, durante el primer trimestre se difundió que el turismo había crecido 10.2 por ciento.
La afirmación es correcta si se precisa que ese porcentaje corresponde al incremento en el número de viajeros internacionales, que alcanzaron 26.22 millones. Sin embargo, el INEGI ofrece otra medición que complementa la fotografía: el PIB turístico disminuyó 0.8 por ciento respecto al trimestre anterior y solamente aumentó 0.1 por ciento a tasa anual. El consumo turístico interior descendió 0.7 por ciento trimestralmente, aunque creció 0.2 por ciento anual. No existe contradicción. Existen indicadores diferentes. Podemos tener más visitantes y, simultáneamente, observar un crecimiento muy modesto del valor real generado por la actividad. Podemos romper récords de llegadas mientras determinados segmentos enfrentan problemas de rentabilidad. Y podemos recibir más cruceros al mismo tiempo que algunos hoteles, restaurantes, agencias de viajes o prestadores de servicios encuentran dificultades para incrementar sus ingresos. También debemos poner atención al mercado estadounidense. Sectur ha reconocido una reducción en determinados flujos procedentes de Estados Unidos, relacionada entre otros factores con frecuencias aéreas y costos de viaje. La buena noticia es que comienza a percibirse una saludable diversificación: durante el semestre crecieron mercados como Colombia, Brasil, Japón y Canadá, además de otros países de Europa, Asia y Oceanía. Depender menos de uno o dos mercados emisores fortalece a México frente a cualquier coyuntura económica internacional. El Mundial de Futbol de 2026 añadió, naturalmente, un impulso extraordinario durante junio. Pero tampoco debemos cometer el error de confundir un gran acontecimiento con una política turística permanente. Los eventos internacionales atraen reflectores; el verdadero desafío consiste en lograr que quienes llegaron por futbol regresen después por nuestras playas, ciudades coloniales, gastronomía, naturaleza, cultura, arqueología y hospitalidad. Y aquí aparece nuevamente Acapulco. Para nuestro puerto, estas cifras nacionales representan una oportunidad enorme. Si México recibe más viajeros, Acapulco debe competir por una mayor participación de ese crecimiento. No podemos conformarnos con esperar que el incremento nacional llegue automáticamente a Guerrero. Hay que salir a buscarlo. Necesitamos recuperar conectividad aérea internacional, fortalecer la promoción permanente, impulsar nuevos segmentos, aprovechar mucho mejor el turismo de cruceros, elevar la calidad del producto, profesionalizar servicios, cuidar nuestras playas y nuestra imagen urbana y, sobre todo, entender que hoy los destinos compiten mundialmente por un turista informado que compara precio, calidad, seguridad, conectividad y experiencia. Las cifras también nos dicen que no basta contar cabezas. El objetivo debe ser más turistas, más noches de estancia y mayor gasto promedio. Un destino verdaderamente exitoso no es necesariamente el que recibe más personas, sino aquel que consigue transformar el turismo en empleo formal, mejores salarios, inversión, oportunidades empresariales y bienestar para la población. Celebremos entonces los récords del primer semestre. Son buenas noticias y sería absurdo negarlo. También reconozcamos el trabajo realizado por Sectur federal y por quienes todos los días sostienen esta industria desde hoteles, restaurantes, transportadoras, agencias, aerolíneas, cruceros y miles de pequeñas empresas. Pero, mantengamos los pies sobre la tierra. Que México esté de moda es extraordinario. Conseguir que permanezca de moda requiere estrategia. Y lograr que esa popularidad se convierta en prosperidad compartida exige todavía más: inversión, promoción, infraestructura, capacitación, seguridad, sustentabilidad y coordinación entre gobiernos, empresarios y sociedad. Los récords son un punto de llegada solamente durante unas horas. Al día siguiente se convierten inevitablemente en el nuevo punto de partida. Recordemos que solamente Juntos, Logramos Generar: Propuestas y Soluciones.
JLG