La Gran Manza… del bullicio a la desolación

Por Manuel de la Cruz Paz

Como una de mis tantas visitas al año que le hago a la “La Gran Manzana” (como coloquialmente se le dice a Nueva York), por la cercanía del lugar donde resido desde hace 10 años, Deal, en el estado de New Jersey, el pasado mes de enero de este 2020 estuve ahí, en esta ocasión no para tomar fotos de los rascacielos, aparadores o nuevas atracciones de la ciudad como siempre lo hago, captando ángulos diferentes del mismo escenario en cada visita; ese día mi visita era para ver una obra de teatro en Broadway: “The Lion King”.

Como en la mayoría de las ocasiones, tomé el tren que me dejó en Pennsylvania Station, a un kilómetro del corazón de Manhattan, lugar donde se encuentra la zona de los teatros; era una tarde fría y con mucha gente, algo característico de Nueva York en cualquier época del año. Debido a la multitud, el tiempo para llegar a mi destino fue más de lo normal, a pesar de caminar a paso veloz. Esa fue la última vez que estuve en La Gran Manzana antes de la pandemia; esa vez no tomé fotos. Mi pasión por la fotografía quería retratar las calles de Nueva York durante la contingencia sanitaria, pero las restricciones no me lo permitían.

Fue hasta hace un par de semanas que acompañado de mi amiga de aventuras, Diana Ruiz, decidí ir nuevamente a La Gran Manzana para sentir a la gran ciudad en tiempos de pandemia; claro, con todos los protocolos de higiene que exige nuestra seguridad: cubre bocas y desinfectante; esta vez no tomé el tren para evitar contacto humano, decidí ir en auto para disfrutar sin prisa; la carretera estaba algo transitada pero no como de costumbre, los letreros electrónicos durante el camino, advertían las medidas de prevención: “Face coverings in service areas”; uno que me llamó mucho la atención fue aquel que decía: “Arriving from out of State? call 511 to determine quarantine status” (¿Arribando desde fuera del Estado? marque 511 para determinar su estado de cuarentena). Poco después de haber cruzado la línea que divide el estado de New Jersey con el de New York, había un letrero que decía “We are NY Tough” (Somos un New York fuerte), letrero que pude observar en reiteradas ocasiones ya dentro de la Ciudad de Nueva York.

No cabe duda que el nuevo coronavirus ha cambiado al mundo entero, nos ha cambiado la manera de vivir a todos…, mientras me íba introduciendo por la zona de Brooklyn, noté que la mayoría de la gente dentro y fuera de los automóviles atendían la recomendación de usar mascarilla, menos los “homeless” (vagabundos). Así llegamos hasta el Ayuntamiento de la ciudad, ahí dejamos el auto estacionado y nos dispusimos a caminar… la gran mayoría de la gente con cubre bocas, otras ni por error lo usaban y varios más con sus mascarillas mal puestas, con la nariz de fuera.

Fuimos especialmente a un punto en Brooklyn para ver una de las calles que fue pintada con letreros amarillos sobre el terraplén donde se lee: #BlackLivesMatter y que diera origen al movimiento del mismo nombre. Posteriormente nos dirigimos hacia el bajo Manhattan, donde estacionamos el auto y decidimos caminar hacia la primera torre del histórico puente de Brooklyn. Ahí vi que la cosmopolita Ciudad de Nueva York era otra, ya no caminaban turistas de diversas nacionalidades, solo los neoyorquinos transitaban por ahí.

Por primera vez caminé sin tumultos por el puente de Brooklyn que nos dio tiempo para posar para la foto usando tripié; la otrora aglomeración de turistas ha desaparecido, sólo unos cuantos transeúntes y ciclistas corrían por ahí…

Al retornar del recorrido, me dio mucha tristeza ver lo feo que quedó Manhattan con el movimiento #BlackLivesMatter: edificios públicos pintarrajeados, grafitis por donde voltearas, las banquetas rayadas con lemas sobre esta marcha, zonas cerradas con rejas y más grafitis; en fin, una gran ciudad que ha perdido su encanto, su algarabía, su belleza, una ciudad que ha pasado del bullicio a la desolación.

Entre la pandemia del Covid-19 y el movimiento BLM, Nueva York luce un mal aspecto, hay basura por doquier, jardines en mal estado, negocios cerrados, los aparadores de las elegantes tiendas están cubiertos con tablas de madera que también han sido pintadas con grafiti.

Los pocos restaurantes abiertos ofrecen comida para llevar o comer en las mesas improvisadas sobre la banqueta; las famosas cafeterías Starbucks ponen hacer fila a sus pocos clientes afuera y uno por uno entran por su café, nada es igual a lo que estábamos acostumbrados a ver.

La Gran Manzana no luce nada bien, se le acabado el glamour; el Covid-19 la ha dejado desolada, triste y sin turistas.

El nuevo coronavirus le pegó fuerte a La Gran Manzana, pero como dice el letrero: “Somos un Nueva York Fuerte” y esperamos que pronto resurja en todo su esplendor la belleza cotidiana de la Gran Manzana, ¡la Ciudad de Nueva York!