
Por Jorge Laurel González
En política, lo importante no es tener razón, sino que se la den a uno.Konrad Adenauer (1876 – 1967) Canciller Alemán.
La política tiene una virtud extraña: empieza mucho antes de que empiece formalmente. Antes de la boleta, aparece el rumor; antes de la campaña, la encuesta; antes del candidato, la cargada; antes de la decisión democrática, la decisión estratégica. Guerrero no es la excepción. Morena se prepara para definir candidatura rumbo a 2027 y, como suele suceder en los partidos dominantes, la verdadera elección parece estarse jugando dentro de casa. La convocatoria todavía no ordena del todo el tablero, pero los nombres ya caminan, sonríen, se miden y, sobre todo, se observan.
En el bloque femenino aparecen tres perfiles relevantes: Abelina López Rodríguez, Beatriz Mojica Morga y Esthela Damián Peralta. Tres mujeres con trayectorias distintas, fortalezas claras y debilidades inevitables. Abelina López, alcaldesa de Acapulco, ha confirmado su intención de participar en el proceso interno de Morena para buscar la gubernatura de Guerrero en 2027. Su principal fortaleza es territorial: gobierna el municipio más visible, simbólico y políticamente pesado del estado. Acapulco no es todo Guerrero, pero sin Acapulco nadie gobierna Guerrero con tranquilidad. Su debilidad, justamente, es gobernar Acapulco: todo problema urbano, toda queja ciudadana, toda deficiencia de servicios, toda herida no cerrada después de los golpes recientes al puerto, se le puede convertir en expediente político.
Beatriz Mojica Morga representa otra ruta: experiencia, estructura, conocimiento estatal y una trayectoria que no empezó ayer. La senadora de Morena informó que en junio presentaría licencia para participar en la selección interna rumbo a la gubernatura, lo cual la coloca ya no como aspirante de café, sino como contendiente seria. Su fortaleza es que tiene historia política, identificación con Guerrero y capacidad de diálogo. Su debilidad es la misma de todos los políticos con larga trayectoria: carga pasado, alianzas, adversarios y memoria pública. En política, como en la hotelería, nadie llega sin equipaje; la diferencia es que algunos cargan maletas y otros arrastran baúles.
Esthela Damián Peralta entra al tablero con una característica especial: cercanía federal. Su salida de la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal y su regreso a Guerrero para buscar la candidatura la convierten en una figura de lectura nacional. Su fortaleza es evidente: experiencia administrativa, perfil jurídico y una relación política directa con el centro del poder. Su debilidad también es clara: debe demostrar arraigo emocional, territorial y cotidiano en un estado donde la política no se gana solamente con currículum, sino con presencia, polvo en los zapatos, saludos en mercado, memoria de comunidad y paciencia para escuchar agravios. Guerrero no siempre vota por quien viene mejor recomendado; muchas veces vota por quien siente más cercano.
Entre los hombres, Pablo Amílcar Sandoval conserva reconocimiento interno y una presencia política que ha sobrevivido a varias tormentas. Su fortaleza es el conocimiento del aparato, la militancia histórica y su identificación con sectores fundadores de Morena. Su debilidad es que su nombre también despierta resistencias; no es un perfil neutro. En Guerrero, quien tiene estructura también tiene anticuerpos.
Jacinto González Varona, presidente estatal de Morena, tiene otra ventaja: conoce la maquinaria partidista desde dentro. Ha llamado a quienes aspiren a cargos a separarse oportunamente de sus responsabilidades, colocándose como vigilante del proceso interno. Su fortaleza es operar en el centro de la vida partidaria local. Su debilidad es que el árbitro, cuando quiere ser jugador, deja de parecer árbitro. Y en un partido con tantas tribus, la imparcialidad no solo debe existir: debe parecer milagrosamente creíble.
Félix Salgado Macedonio, podría apostar al perfil de relevo generacional, él representa al grupo político más potente de Guerrero. Su fortaleza es precisamente esa: es una corriente con peso real. Su debilidad, también precisamente esa. En política, ser cercano al sol da calor, pero también puede quemar.
Aunque todo indica que no le permitirían participar —por el evidente problema político y legal de ser padre de la actual gobernadora— su fuerza electoral sigue siendo determinante. Una medición de Gobernarte lo colocó con 37.5% de preferencias internas en Morena rumbo a Guerrero 2027, cifra que confirma lo que muchos saben y pocos dicen en voz alta: Félix no necesita estar en la boleta para pesar sobre la boleta.
Ese 35 o 40% potencial no es solo una cifra; es una llave. Quien logre heredar, negociar o incorporar esa fuerza tendrá una ventaja considerable. Quien la desprecie, cometerá un error de principiante. Morena deberá resolver no solo quién tiene más popularidad, sino quién puede mantener unido al movimiento después de la encuesta. Porque la encuesta gana candidaturas, pero la unidad gana elecciones.
¿Y la oposición? Si somos honestos, la única oposición viable hoy parece estar en Manuel Añorve Baños. El PRI, disminuido, pero no muerto, conserva en Añorve un perfil conocido, con oficio, estructura, experiencia legislativa y presencia estatal. Ya ha sido mencionado como posible carta priista rumbo a 2027. Su problema es que no basta con ser el opositor más visible; necesita convertirse en opción emocional, no solo en opción aritmética. Para competir contra Morena no bastará decir “ellos están divididos”. Tendrá que decirle a Guerrero qué haría distinto, con quién, cómo y para qué.
La elección de 2027 en Guerrero no será sencilla. Morena tiene abundancia de aspirantes, pero la abundancia también produce indigestión. La oposición tiene menos cartas, pero menos cartas obligan a jugar mejor. Al final, como siempre, el pueblo decidirá. Y cuando el pueblo decide, conviene escucharlo antes, no solo contarlo después.
Recordemos que solamente Juntos, Logramos Generar: Propuestas y Soluciones.
JLG