“Felicidad o el arte de irse redescubriendo…”

No sé si me pueda atrever o no de constatar o simplemente decir que gran parte de la sociedad piense en muchas cosas como yo. Ya que tenemos muchas influencias similares, de empresas, de las redes sociales, de la política y pues un condicionamiento exterior muy similar. Acerca de lo que pensamos que es la educación, la familia, el amor, emprender o igualmente la felicidad. Lo que tampoco parezco saber, pero en esto si estoy cada vez más seguro (si, ¡cambiando paradigmas internos!) es si puedo hablar por lo menos de mi persona. El lenguaje dificulta la expresión y nunca relata 1:1 la realidad. No es pura masturbación intelectual. Por lo tanto, no me quedan muchas más opciones y decido usar ese último recurso, aunque tenga sus limitantes. ¿Pues qué es el “Yo”? ¿Quién, que o que parte de mi cuerpo es eso que llamamos “yo, voluntad, conciencia, voz…”? ¿El cerebro, mi corazón, mi voz, mi cuerpo…? ¿Quién o que habla a través de mí? Gran debate, diferentes teorías en las cuales ni la neurociencia ha podido resolver y llevar a una cierta claridad o llegar a una “verdad absoluta”. No me decepciona, pues cada vez sabemos lo poco que realmente sabemos. Y mientras los “ignorantes” cada vez piensan y se preguntan menos mientras cada vez “tienen más respuestas y aparentemente verdades”, con los realmente “inteligentes” es al revés. Cada día tienen más preguntas y menos respuestas, más reflexiones (profundas) y menos “verdades absolutas y finales”. Si, también en la política, en el futbol o la religión – temas en discusiones que independientemente de donde estemos – siempre se tratan de evitar. Por obvias razones. Pensamos que por trabajar más horas somos más fuertes, productivos, fértiles, hombres.

Pensamos que por tener más dinero valemos más, somos más “chingones” y “exitosos” que otros.

Pensamos que por tener más “educación” acumulada, en títulos, posgrados, doctorados…que somos más “educados y cultivados”.

Pensamos…el lector seguramente puede llenar la frase con sus propias palabras y seguir esta lógica.

El zoológico humano. En todos estos casos como en la vida itself jugamos, tenemos papeles y los interpretamos. “Persona” – del latín, mascara, nos explica, que sobre todo en el “espacio público” cambiamos de personas, de máscaras, de roles, de papeles, de interpretaciones.

Seamos empresarios, emprendedores, maestros, “políticos” (en el término estrecho de la palabra), o tomemos cualquier profesión o actividad económica (espero que no sea el único criterio para autodefinirnos e identificarnos, lógica muy común en el tiempo del capitalismo) – pensamos que por hacer más, seremos mas sustentables, exitosos o económicos.

¿Realmente tenemos un plan? ¿Seguimos un sueño puesto en palabras, que se vuelva un objetivo mesurable? ¿O perseguimos muchos sueños a la misma vez? Peter Drucker, pensador, argumentaba: “Es más importante hacer lo correcto, que hacer algo correctamente”. Y esto lo podemos aplicar a todas las áreas de nuestra vida.

Me recuerda mucho al filósofo Confucio. El chino pensaba hace más de 2500 que para todo había una forma correcta de hacer, que hoy en día en muchos casos hemos desapren – “Felicidad o el arte de irse redescubriendo…” dido, como el “caminar correctamente”, “el respirar correcta – mente”, “la acción correcta en el momento correcto”…todo esto requiere contacto con uno mismo en el momento pre – ciso. En un hotel puede ser diferente que, en un consultorio, en un partido político diferente que en un programa de radio. Ejemplo: Cuando estoy atendiendo una queja en un restaurante me puede ayudar el manual de quejas, pero finalmente como cada caso es único, dependerá de mi conectar con la realidad y no la imaginación o teoría y tomar decisiones. ¿Qué será el mejor momento y la mejor acción posible que puedo realizar en este momento, para resolver la queja o cualquier problema que la vida me avienta? Laotse (filosofo e escritor del “Tao Te King”), el Hagakure (el libro sagrado de los samuráis en el japón) y otros filósofos o culturas durante la historia han tenido reflexiones similares.

Aprendiendo de escritores como del exprofesor de Harvard Clayton Christensen o del CEO de Netflix, Reed Hastings puedo resumir dando algunas observaciones que pueden servir como lecciones:

Es el camino, no el destino. La verdadera felicidad la encontramos en el proceso, no en el resultado. En muchas ocasiones solo gratificamos resultados. A nuestros hijos, empleados o colegas. Pero parece ser mejor de premiar el deseo y las acciones de llegar a “grandeza”. En cualquier área que sea.

A parte la felicidad vivida en el proceso te apoya a realizar mejores decisiones y mientras fluyes eres más creativo, con menos ganas de dejar tu empleo y puedes lograr mucho más de lo que hubieres anticipado o imaginado.

-Cuantifica la felicidad. En las ciencias naturales o más bien “Ciencias exactas” siempre se pretende de “cuantificar todo”. Cada día nos pudiéramos poner retos de mejorar un as – pecto de nuestra profesión/vida – que nos hará igualmente más felices.

-Hacer el trabajo visible. Nos puede ayudar un pizarrón en donde se visualizan todos los trabajos que se tienen que realizar y lo que se está haciendo. Cada uno del equipo, de la familia o de los involucrados en un proyecto específico, debe – rían poder verlo y actualizarlo. Estar en comunicación con el resto del equipo, pero también a través de este medio.

-Felicidad es autonomía, maestría y propósito. Todos queremos tener el control (aunque sea parecerlo) de nuestro propio destino. Y por grandes partes lo tenemos, pues como dice la Logoterapia de Viktor E. Frankl: “La vida nos pregunta y nosotros le respondemos”. Siempre podemos elegir que emociones, pensamientos y acciones creamos. Si reaccionamos o accionamos. Volvernos cada vez mejor en lo que hacemos y sobre todo amamos parece (pues yo no lo he encontrado) que nos ayuda, como igualmente servir a un propósito más grande que nosotros mismos.

-Felicidad sustentable es otra cosa que alegría eterna. No te vuelvas tan feliz como creerte tus propias “verdades”. Siempre mantén aun una voz crítica que cuestiona. Cuestionarnos nuestras propias ideas constantemente para no caer en tram – pas. La complacencia parece ser el enemigo del “éxito”.


Alejandro Boucabeille

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