El verano que Acapulco no puede desperdiciar | Propuestas y Soluciones

Jorge Laurel González

“Viajar es fatal para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente.”Mark Twain (1835-1910)

El tema llega en el momento preciso. Este 16 de julio comenzó el Operativo Vacacional Verano 2026, que permanecerá activo hasta el 30 de agosto. Durante estas semanas, Acapulco volverá a recibir a miles de familias que buscan descanso, diversión, playas, gastronomía y esa hospitalidad que durante décadas convirtió al puerto en el destino turístico más emblemático de México. El operativo contempla acciones de prevención, vigilancia, asistencia, rescate acuático y atención ante emergencias. Participan autoridades federales, estatales y municipales, entre ellas la Guardia Nacional, las corporaciones policiacas, Protección Civil, Bomberos, Ángeles Verdes, la Policía Turística, la Policía Vial, Promotora de Playas y el Centro de Atención y Protección al Turista de Acapulco. También se instalarán módulos de información y auxilio en puntos estratégicos del municipio. En todo Guerrero se anunció el despliegue de aproximadamente 14 mil 500 elementos y se estima recibir durante la temporada a más de un millón y medio de visitantes, con una derrama económica superior a los 13 mil millones de pesos. Para Acapulco se informó adicionalmente de un dispositivo específico con alrededor de 350 elementos de distintas instituciones. Son cifras importantes porque detrás de cada turista existe una cadena de empleos que incluye hoteles, restaurantes, transportistas, comerciantes, meseros, cocineros, guías, músicos, prestadores de servicios acuáticos y vendedores de productos regionales. Pero un operativo de seguridad, por amplio que sea, no puede garantizar por sí solo el éxito de la temporada. Acapulco necesita también un gran operativo de hospitalidad. La seguridad es fundamental, pero también lo son la limpieza, la movilidad, el abastecimiento de agua, la recolección oportuna de basura, el buen funcionamiento del drenaje, la señalización, el orden en las playas, la atención respetuosa y, especialmente, los precios justos. El turista debe sentirse protegido por las autoridades, pero también bien recibido por quienes vivimos y trabajamos en el puerto. Los indicadores previos permiten mantener un optimismo prudente. El 5 de julio, antes del inicio formal de las vacaciones, Acapulco alcanzó una ocupación hotelera promedio de 63.9 por ciento, con una oferta instalada de 17 mil 2 habitaciones. La zona Dorada llegó a 77.4 por ciento; la Tradicional o Náutica, a 62.8 por ciento, y la Diamante, a 45.2 por ciento. Estas diferencias muestran que la recuperación avanza, aunque todavía no ocurre con la misma intensidad en todas las zonas turísticas. Durante la pasada Semana Santa, Acapulco recibió 486 mil 732 turistas, alcanzó una ocupación promedio de 73.7 por ciento y generó una derrama económica superior a los 3 mil 234 millones de pesos. También se informó que la disponibilidad hotelera pasó de aproximadamente 15 mil habitaciones en 2025 a más de 17 mil en 2026. La recuperación es evidente, especialmente después de los daños provocados por los huracanes, pero recuperarse no significa que podamos caer nuevamente en la complacencia. Acapulco no puede desperdiciar este verano porque necesita que cada visitante se convierta en promotor del destino.

Actualmente, una experiencia positiva puede difundirse en segundos mediante fotografías, videos y comentarios en redes sociales. Pero también una mala experiencia —un cobro abusivo, una playa sucia, un maltrato, un engaño o una deficiencia grave en los servicios— puede propagarse con la misma velocidad y causar un daño difícil de calcular. Por ello debemos comprender que cobrar de más no es ganar más. Abusar de una familia puede dejar una ganancia momentánea, pero significa perder a ese visitante, a sus familiares, a sus amigos y a todas las personas que lean su denuncia. El verdadero negocio turístico consiste en lograr que quien venga una vez desee regresar y recomiende Acapulco. Los precios deben ser visibles, transparentes y razonables. En restaurantes, playas, estacionamientos, transportes y servicios recreativos debe informarse previamente cuánto pagará el consumidor. Las autoridades deben vigilar y sancionar los abusos, pero el sector turístico también debe asumir mecanismos de autorregulación. La honestidad comercial es parte de la hospitalidad. La limpieza representa otro desafío. No basta con recoger la basura por las mañanas si durante el resto del día los espacios vuelven a deteriorarse. Se necesitan recorridos permanentes, suficientes depósitos, vigilancia y la colaboración de comerciantes, prestadores de servicios, visitantes y ciudadanos. Una playa limpia no es solamente una cuestión estética: es una tarjeta de presentación, una condición sanitaria y un activo económico. También debemos vender algo más que habitaciones y alimentos. Acapulco debe vender experiencias: recorridos por su historia, visitas a La Quebrada, actividades culturales, gastronomía tradicional, pesca, deportes acuáticos, caminatas, atardeceres en Pie de la Cuesta, paseos por la bahía y encuentros con nuestras comunidades. Cuando el visitante encuentra diversas actividades, permanece más tiempo, consume más y distribuye mejor su gasto. Es indispensable que la derrama económica llegue a la mayor cantidad posible de familias. El éxito no puede medirse únicamente por el porcentaje de ocupación hotelera. También debe observarse cuánto vendieron los pequeños negocios, cuántos empleos se conservaron, qué ingresos recibieron los trabajadores y qué zonas del puerto se beneficiaron. Una temporada exitosa debe sentirse en los hoteles de gran turismo, pero también en los mercados, restaurantes familiares, cooperativas, taxis y pequeños comercios. El gobierno tiene responsabilidades irrenunciables, pero los ciudadanos también. Debemos conducir con prudencia, respetar al peatón, no arrojar basura, evitar confrontaciones, ofrecer información correcta y tratar a los visitantes como nos gustaría ser tratados cuando viajamos. La hospitalidad no debe reducirse a una campaña publicitaria: debe convertirse en una conducta colectiva. Este verano representa más que una temporada vacacional. Es una oportunidad para demostrar que Acapulco está de pie, que continúa recuperándose y que puede organizarse para recibir dignamente a sus visitantes. Cada autoridad, empresario, trabajador y ciudadano tiene una responsabilidad en este esfuerzo. Acapulco tiene playas, clima, gastronomía, historia y una bahía incomparable. Lo que necesita es cuidar esos atributos y acompañarlos con seguridad, orden, limpieza, honestidad y calidez humana. El operativo terminará el 30 de agosto, pero la reputación que construyamos durante estas semanas permanecerá mucho más tiempo. Que este sea el verano en el que Acapulco no solamente recibió turistas, sino que recuperó confianza, generó empleos y volvió a conquistar el corazón de quienes lo visitaron. Recordemos que solamente Juntos, Logramos Generar: Propuestas y Soluciones.

JLG