
Por Gustavo Adolfo Torres Blanco
Quiero iniciar mi reflexión a partir de la frase “Entiendo porque quiero, no entiendo porque no quiero” atribuida de manera popular al filósofo y escritor español Ramón de Campoamor, aunque también se le ha atribuido a otros autores en distintos contextos, por lo que hoy se considera una expresión de autoría incierta.
Lo verdaderamente importante es que la frase expresa que, en muchas ocasiones, la comprensión no depende únicamente de la capacidad intelectual, sino de la voluntad y la disposición para aceptar una realidad, no necesariamente acorde a nuestras creencias. En otras palabras, las personas pueden comprender un hecho cuando están abiertas a hacerlo, pero pueden negarse a entenderlo cuando contradice sus intereses, creencias o conveniencias.
No significa que toda falta de comprensión sea voluntaria; más bien, alude a cómo los prejuicios, las emociones o los intereses pueden influir en nuestra interpretación de la realidad.
En el contexto mexicano, esta reflexión conserva plena vigencia. La polarización política, la desinformación y la confrontación en redes sociales han propiciado que muchas personas analicen los acontecimientos desde la identidad partidista más que desde la evidencia.
La frase invita a preguntarnos si realmente buscamos comprender los problemas nacionales , como la inseguridad, la corrupción, la desigualdad, el desarrollo económico o la rendición de cuentas, o si únicamente aceptamos la información que confirma nuestras convicciones previas.
Aplicada al debate público, su mensaje es que una democracia sana requiere ciudadanos y servidores públicos dispuestos a escuchar argumentos, revisar datos y cambiar de opinión cuando la evidencia lo justifique. Cuando prevalece la negativa a entender al otro, el diálogo se sustituye por la descalificación y el país pierde la oportunidad de construir acuerdos.
En síntesis, la frase sigue siendo una llamada a la apertura intelectual, a la autocrítica y a la responsabilidad ciudadana: entender no solo es un acto de inteligencia, sino también de voluntad para buscar la verdad por encima de los intereses personales o políticos.
Construir un mejor país, parte de la voluntad de escuchar las razones de quienes piensan distinto a nosotros y del compromiso con un proyecto de unidad nacional.
