“Ve el mundo. Es más fantástico que cualquier sueño” Ray Bradbury
Dedicado a mi querida amiga, Cecilia, eterna viajera
Cecilia Gisela Basaldúa, de 36 años de edad, desapareció hace 19 días en Capilla del Monte, una comunidad al norte de Córdoba, Argentina. La joven de Buenos Aires acababa de regresar a su país natal para reencontrarse con su familia, después de más de cuatro años que estuvo de viaje por el mundo. Recientemente se había ido a vivir al norte de Argentina para dedicar más tiempo a escribir su primer libro de viajes; solía escribir breves ensayos, así que quería compartir sus experiencias.
El lunes 13 de abril 2020, en una linda noche austriaca, después de trabajar en mis proyectos, mientras me preparaba mi cena, recibí una llamada de un número con lada +54. Como hace unos años viví un periodo hermoso en la Argentina, reconocí inmediatamente el lugar de donde me buscaban, aun así como era un numero desconocido, dudé por momentos en contestar y le colgué. Preferí cenar. Esto se repitió dos veces más. ¿Qué quería esa persona? ¿Estaba equivocado o por qué me estaba llamando? Insistía, ¿Quién será?. Me preguntaba si sería por mis videos acerca de mi testimonio del Covid-19 en las redes, que en en algunas partes del mundo hispanoparlante se han vuelto “viral”, no solo en México. ¿Tal vez era un medio para hacerme una entrevista? Pues no me hubiera sorprendido, mientras estuve enfermo y me estaba recuperando recibí solicitudes de más de 25 medios de comunicación, en el caso particular de México. ¿Qué podía ser tan importante para llamarme tres veces? La gente ya estaba harta de escuchar fake news y noticias a cerca del corona. Todos, incluso yo, ya queríamos aprender la lección y salir adelante. Ya no importaba si Nostradamus lo predijo o si todas esas teorías conspirativas eran reales o no, si era una arma biológica de China, si el responsable o la víctima antes de las elecciones presidenciales era Trump, si era un experimento para controlar a la gente y estudiar sus reacciones o si fueron finalmente los “reptilianos” que se permitían este acontecimiento histórico con el “homo sapiens sapiens”. Suma summarum: al colgar, le escribo y le pregunto: quién es. ¿Será un intento de estafa o extorsión? Con mucha precaución y atento espero la respuesta: –
Hola….
–Yo le respondo: ¿Quién eres?
-Soy el Sub comisario Zarate
–¿Quién? No lo conozco. ¿Y qué quiere?
-De la Policía de Córdoba (Argentina), Necesito hablar con usted.
No lo puedo creer. Y ahora me empieza a mandar mensajes de audio. Me comenta que están buscando a mi querida amiga, Cecilia la viajera, como le solía decir. ¿Cómo es posible? Si hace unos días hablé con ella. Dudo, respondo y le marco.
Después de disminuir mi desconfianza al mandarme su credencial, se presenta con acento local y sin ninguna duda “real Argentinian”. No parece ser “trucho”. Detrás del comisario se posicionan dos policías uniformados como que si quisieran quitarme la sensación de ser víctima de una farsa y hacerme olvidar mis dudas. Pudiera ser una escena de un crimen una película policiaca. Me informa que la gran viajera desapareció hace más de una semana y que la están buscando por todas las partes. ¿Cómo? No puede ser. Me empieza a interrogar, pues encontraron mi número y nombre en su celular. ¿Estaré en la lista de sospechosos? ¿Podré ayudar por lo menos? Le informo mientras trato de sacarle más información al mismo tiempo.
“Estoy en Austria y estuvimos en contacto por zoom, pues la entrevisté para un nuevo canal en Youtube, un podcast que estoy armando con gente interesante en donde nos platican escritores, científicos, activistas, deportistas y mas, sobre sus actividades en diferentes países y contextos. El único criterio para poder participar: la inspiración.”
Me entero que desapareció la tarde del 5 de abril, poco menos de un día después de que hablé con ella. ¿Despedida? Aunque el 2 y el 3, días después de mi cumpleaños y de sanar de Covid-19, igualmente habíamos realizado fragmentos por esta aplicación, se interesaban sobre todo en la última grabación del sábado 4 de abril, mi último día de mi cuarentena obligatoria.
En ese día hablamos, como en muchas otras ocasiones, acerca de sus viajes y experiencias. Desde que nos conocimos en el verano de 2015, estuvimos en contacto a través de Facebook, desde aquel día que nos vimos en una conferencia que di acerca de mis aproximaciones al “arte de viajar” – algo que ella sin saber ya dominaba y llegaría a dominar tan bien- en el museo capitalino “El Estanquillo” en México. Después de la charla me reuní con un grupo de aproximadamente diez personas que estaban bien apasionadas. Hubo ese click. Nos hicimos amigos, varios viajeros. Entre ellos se encontraba Cecilia. Incluso mi madre que estaba presente, estuvo hasta hace poco en contacto con ella. Se entendían muy bien. A nadie le podía caer mal, era una chica simpática, inteligente, agradable y carismática. Cuando la veía sentía cariño. Mas tarde y en los siguientes días y largas noches mi amiga me hablaba de sus desafíos, sus sueños, retos y los viajes que quería realizar. Poco a poco vivía su sueño.
No era alguien que hablaba y no concretaba. Era congruente. Mientras yo me regresé a Europa ella siguió su viaje. De repente nos conectábamos. Un día estaba en Guatemala, al otro en Honduras; después en Nicaragua o Panamá. Siempre tenía tanto que contar. Era increíble. No era un modo de viaje “a la turista”, pues en varios años recorrió intensamente esos países. Los conocía, había acumulado tanta información. Hablaba con la gente, hacía amistades con la población local como con otros viajeros, aprendía, se atrevía nuevas cosas como vender artesanía en la calle, hacer malabares….eso era algo que ambos apreciábamos de los viajes, que cada momento te retaba a salir de la sagrada zona de confort. El tiempo pasaba y ella se encontraba en Colombia, Perú, después en Bolivia. Me inspiraba. En varias ocasiones pensaba en seguirla en la ruta, hacer un viaje similar; dejar todo, perderme para encontrarme de nuevo.
En algún momento me decía que yo la había inspirado a viajar de esta forma después que escuchó mi conferencia, fue su punto de partida para hacer un viaje que duró cuatro años y medios sin ningún objetivo en particular, aunque finalmente quería llegar a su casa, a su hogar, a visitar a su familia en Argentina. Mientras recorría esos hermosos paisajes de América Latina sin ningún centavo extrañaba de vez en cuando a su familia.
Personalmente he aprendido que esos viajes son los más hermosos y que al mismo tiempo no cualquiera se atreve a soltar y confiar. Una actitud que cualquiera pudiera aplicar a la vida y hacer un alto a nuestra vida laborar o relaciones, para dedicarse a la escritura, la creación o lo que le guste. Pedir ride, intercambio de trabajo por comida y hospedaje, eran sus herramientas para moverse a través del espacio. Viviendo y viajando su moto. Como yo en mis mejores viajes, Cecilia viajaba sola. Conocía a mucha gente, culturas, lenguas, perspectivas de ver el mundo. Todo ese conocimiento adquirido o las hermosas convivencias con indígenas que me contaba, le ayudaron a crecer como ser humano, era alumna y maestra a la misma vez. Era una y la otra. Salió literalmente de su zona de confort.
A los dos años de su viaje me contacta y coincidimos. Por una razón personal había regresado a la Ciudad de México, no en avión o autobús como lo hubiera hecho cualquier persona, ello llegó a su manera, con su estilo. Ya no era la misma chica tímida o introvertida que yo vi la última vez en nuestras caminatas por diferentes barrios de la Ciudad de México. Ahora le brillaba la cara y estaba llena de energía. Sólo hablaba de sus viajes. Su gran pasión y ahora era ella la que me inspiraba. Comentamos la idea de recorrer todo el planeta sin ningún centavo, para vivir aventuras, vivencias inolvidables, retos vencidos, peligros enfrentados; pero sobre todo adquirir madurez y aprendizajes.
A través de esas charlas viajaba a mi niñez. Me conectaba con mi niño interior. Recordaba los libros de amigos de la primaria. La pregunta ¿A qué te quieres dedicar cuando seas grande? Unos respondían: policía, bombero, maestro, médico. Mi respuesta era simple y segura: Aventurero.
Hoy en día, abril 2020, que acabábamos de retomar el contacto yo también había madurado. Era un aventurero y vivía igualmente mis aventuras. También como un método. En mucho de lo que hacía, le metía el elemento y enfoque del aventurero, esa linda energía que me salía mejor cuando viajaba. Me había regalado esa hermosa imagen en la cual me reconocía. Somos en varios puntos muy similares, pensaba.
La veía diferente. Difícil de describir o de expresar. De verbalizar, de expulsar al exterior, al mundo material, al de las palabras y oficialmente “real”. La veía muy emocional, de una forma mas en contacto consigo misma, pero asimismo tenía algo desconcertante, un aspecto de estar atrapada y sin balance. Algo preocupada y bastante vulnerable. No lograba -ni posteriormente-, descifrar sus gestos, su mímica o lenguaje corporal. Ella me manifestaba que se encontraba bien, pero una voz interior me confirmaba lo contrario.
Ella quería seguir con la entrevista y al preguntarle por qué se fue a ese pueblo, pues aunque era viajera espontánea, podía escribir en cualquier lado, en su “hogar” si se pudiera llamar así, para no gastar, pues había abandonado la vida típica: trabajo, familia tradicional, vida capitalista desde hace mucho tiempo; me respondió que una voz interior le había dicho que se fuera a ese pueblo, que ahí la recogerían. Yo, muy analítico como suelo ser y nada supersticioso, pero sensible, lo cuestionaba y al mismo tiempo parecía que estaba más aliñada consigo misma. Tal vez era su “voz socrática”, me decía a mí mismo. No aspiraba a burlarme o faltarle el respeto, pero en mis viajes ya me había encontrado con todo tipo de personas que creían en las visitas de extraterrestres, otros que consumían todo tipo de drogas con sus consecuencias obligatorias y pues finalmente eran parte de la realidad. Una variedad de personajes y fauna en el zoológico humano. No consideraba que era el caso con esta viajera.
El comisario me comentó que el señor X que le había alquilado un espacio para poner su tienda de campaña, le dijo que Cecilia se había enojado con él y pensaba que había tenido un “arranque”, pues el domingo (5 de abril), de repente había decidido largarse sin su laptop y el resto de cosas. Según sus familiares no tenía ningún antecedente ni en la familia. El policía incluso mencionó que Cecilia antes había hablado algo de espíritus y fantasmas, pero él no entendía
¿Dónde se encuentra mi amiga? ¿En dónde esta Cecilia? ¿Qué le paso?
A través de sus familiares que me contactaron como el comisario, me enteré que dejó todo, incluso su computadora en donde estaba escribiendo su libro; su celular, que representaba su conexión al exterior, a Buenos Aires y con el resto de sus amigos.
Según lo que entendía del reporte del comisario era que se llevó el celular y que éste apareció en otro lado, pero sin ninguna señal más. Después de los acontecimientos el señor que le rentó el espacio espero unos días antes de reportar a las autoridades que Cecilia no había llegado a su tienda. Todo esto es muy raro, sobre todo en tiempos del Covid 19, pues es muy difícil moverse de una población a la otra, también en Argentina. Por lo tanto nos deja mucho espacio de interpretación. Mientras una jueza y varios medios de comunicación me contactaban (como “La Nación”)- el comisario me decía que era casi imposible salir de la localidad debido a la crisis de salud global que estamos viviendo.
¿Pero entonces, dónde está Cecilia? ¿En dónde esta esa bella mujer, esa querida amiga?
Algo que había parecido en un principio ser un intento de extorsión (la llamada del policía), lo cual ya viví en México, me llevó a compartir esta experiencia en mis redes sociales. En mi país, lejos del sitio en donde estaba Cecilia, tal vez alguien se podía reportar y saber algo.
Triste no saber dónde está. Lleva desaparecida 19 días, casi tres semanas. ¿Cómo es posible? ¿Quién le pudiera hacer daño a esa chica atractiva y linda? Pensaba en todas las opciones. ¿Tal vez se le pasó la mano a los policías, que en general no son grandes amigos de este tipo de vida? ¿O tal vez ella misma se lastimó? ¿Un accidente? ¿Una secuela de su experiencia con la Ayahuasca? Mientras difundía en todo tipo de canales y me conectaba con la familia para apoyar aunque sea desde la distancia, grité, lloré, escribí….. Finalmente le marqué a mi madre. Lloró. Se sentía igualmente muy conectada con ella. Me recordó el hecho de que en Argentina había muchos casos de desaparecidos como en Ciudad Juárez u otras ciudades de México e igualmente otros países en América Latina, Asia, África o pues de todo el mundo. Cuando viví en Buenos Aires, mi madre me visitó en varias ocasiones y notó que muchísimas mujeres jóvenes desaparecían, había pósters, carteles o papeles pegados a cualquier barda o caseta telefónica: “Se busca…”, “se busca…”
No lo recordaba. Vivimos en un mundo violento, real, con peligros. Espero y exijo que las autoridades de Argentina encuentren a mi querida amiga.
Cecilia, sé que lo lees, espero que estés bien y que todo esto sea un malentendido, una broma de “mal gusto”, una decisión que solo tú tomaste tras una reflexión. Te mando todo mi amor. Besos a esa gran viajera, a esa gran mujer, a esa gran persona, a esa gran alma….
Me imagino que estarás en tu elemento. Viajando….libre y con pasión, como siempre quisiste.
Nota al lector:
Si puedes difundir este articulo te lo agradezco. Si la hubieras conocido serias amigo de ella.
Cecilia no ha aparecido desde casi tres semanas. Sin dejar huellas. Puedes seguir estos enlaces, en donde próximamente se podrá ver la entrevista: la última charla que tuve con ella. Esperamos de todo corazón que no sea la última.
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Si quieres contactar al autor:

Bookaccion: Canal (próximamente con la entrevista) https://www.youtube.com/ channel/UCbGQ9hoHs13BOycnxcW9PYg/ videos?view_as=subscriber
