
Hay veranos que nos invitan a salir y hay veranos que nos invitan a volver. A volver a casa, a cuidarla, a habitarla de otra manera.
En estas semanas de lluvia y de calor intenso, algo está pasando en Acapulco. Lo vemos en los balcones, en las terrazas, en los pequeños patios y hasta en las salas. Acapulco se está llenando de verde otra vez.
No es casualidad. Después de meses exigentes, hemos entendido que nuestra casa es nuestro primer refugio y que una planta no es solo decoración. Es compañía, es terapia, es la certeza de que si la cuidamos, crece. Y nosotros con ella.
Vivir en verde es más que una tendencia. Es una decisión y es también un acto de responsabilidad.
Cada árbol que sembramos y cada planta que preservamos es un pequeño pulmón que le regresamos a nuestra ciudad. Nos dan sombra y bajan la temperatura de nuestros hogares, limpian el aire que respiramos, retienen el agua de estas lluvias para que no se vaya de golpe, evitan la erosión de nuestra tierra y le dan hogar a las aves y a los polinizadores que tanto necesitamos. Cuidar lo verde es cuidarnos todos.
Es lo mismo que hacemos con nuestros hijos, con nuestros proyectos, con Acapulco. Es podar lo que ya no sirve para darle espacio a lo nuevo.
En esta edición quisimos celebrar eso. Ese acto tan sencillo y tan poderoso de sembrar. Porque quien siembra en Acapulco en julio, tiene fe. Fe en la lluvia, fe en la tierra, fe en que lo que viene será mejor.
Gracias por abrirnos de nuevo las puertas de su hogar. Esperamos que este número los inspire a poner una maceta más, a plantar ese árbol que tanto han pospuesto, a reverdecer por dentro y por fuera, por ustedes y por el Acapulco que todos queremos.