
Estamos en la temporada de togas, de birretes al aire, de fotos que se guardan toda la vida. Es temporada de graduaciones y en cada ceremonia hay mucho más que un diploma.
Detrás de cada alumno que hoy recibe su certificado hay desvelos, nervios antes del examen, horas de servicio social, tareas hechas a veces sin luz después de Otis y John, con internet prestado. Hay esfuerzo puro. Y ese esfuerzo merece ser aplaudido de pie.
Detrás de cada alumno hay también unos padres que lo dieron todo. Padres que en Acapulco saben lo que cuesta. Que sacrificaron gustos, que trabajaron doble turno, que pagaron colegiatura, transporte, libros y uniformes en años dificilísimos para el puerto. Que hoy ven a su hijo graduarse y sienten que cada peso y cada desvelo valió la pena. Esa es la verdadera fiesta.
Y hay unos maestros y directivos que no solo enseñaron materias. Sostuvieron, guiaron, animaron cuando muchos quisieron dejar la escuela. Fueron contención emocional en tiempos de pandemia, de sismos y de huracanes. Educar en Acapulco estos últimos años ha sido un acto de vocación y de amor.
Hoy Presencia, tu revista felicita a todos.
Pero sobre todo, hoy queremos decir a los que egresan de preparatoria y universidad: Acapulco les debe algo más que un aplauso. Les debe oportunidades.
De nada sirve celebrar su título si al día siguiente tienen que irse de la ciudad para encontrar un empleo formal, bien pagado y digno de su preparación. Necesitamos que el turismo se levante, sí, pero también que haya campo laboral para el administrador, para la ingeniera, para el enfermero, para el abogado, para el diseñador que aquí se formó.
Que las empresas locales, los hoteles, los restaurantes, los hospitales y el gobierno volteen a verlos. Que crean en el talento que se graduó aquí, que sufrió aquí y que quiere quedarse aquí.
Graduarse es cerrar un ciclo, pero también es pedirle a la ciudad que te abra una puerta.
Desde Presencia, a todos los graduados de este 2026, a sus padres y a sus maestros: felicidades. Su logro es el orgullo de Acapulco.
Y a Acapulco: cuidemos a estos jóvenes. Son nuestro mejor futuro y han decidido, a pesar de todo, seguir creyendo en este puerto.
¡Enhorabuena, graduados!