Delfino Campos Solís
El inusual meteoro, Otis, que evolucionó muy rápido, voló techos, tiró árboles y postes. Dejó sin luz, sin agua y sin alimentos a Acapulco. Todo quedó sin comunicación. Nadie sabía de nadie. Es el fatídico 24 y 25 de octubre del 2023. Es la historia de una ciudad en destrucción. La desesperación se apoderó de Acapulco y sus habitantes. Fueron varios días en la oscuridad en la ciudad. Hubo muertos, se dice que medio centenar, aunque pudieron haber sido más. Las calles se vieron llenas de basura por doquier.
Ahora quedaba una labor titánica: reconstruir Acapulco. La gran misión y el gran reto de ciudadanos y gobierno. Una labor que parecía imposible. El gobierno federal priorizó la reconstrucción de Acapulco. También ofreció apoyo económico para la limpieza y la reconstrucción del puerto más bello del mundo.
En medio del caos, se vieron los jóvenes construyendo el futuro. Pronto llegaron los trabajadores de la comisión de electricidad provenientes de otros estados. Se les reconoce su heroísmo y labor en medio de la desgracia. Los comerciantes elevaron los precios de la canasta básica aprovechando la situación para hacer su agosto en lugar de apoyar a la gente. Aún quedan puntos con basura, rayos, no es tan fácil.
En medio del desastre corrían los días y la temporada decembrina también se acercaba de manera imparable. Las tiendas de autoservicio luchaban contra el tiempo que también corría incontenible. Por todos lados se respiraba miedo y las enfermedades respiratorias y gastrointestinales no se hicieron esperar. También hubo brotes de dengue.
Durante los primeros días no se notaba gran movimiento por parte de gobierno estatal o municipal. Todo parecía extraño pues no se veía la presencia de protección civil para cuantificar los daños. Todo era raro. Los servidores de la nación, provenientes de otros estados, invadieron las colonias para realizar los censos y cuantificar los daños
Reconstruir Acapulco era casi un sueño. En las escuelas volaron techos como hojas de papel. Algunos maestros visitaron sus escuelas caminando entre hierros retorcidos ante el paso del monstruo de viento y agua devorando todo lo que se le atravesaba. Láminas retorcidas se veían entre los cables de luz que aún quedaban colgando en los postes caídos. Mucha gente huyó a otras ciudades en busca de comida y agua.
Era una pesadilla. Reconstruir Acapulco era apenas un latido en medio del desastre donde la gente caminaba como autómatas buscando comida y agua. Toda la ciudad estaba incomunicada en medio de un estado de miedo.
El gobierno federal hizo llegar las despensas por medio de cupones y sin líderes políticos como en otros tiempos con el tristemente célebre PRIANRD. La ayuda económica fue puntual desde los 30 hasta los 60 mil pesos según los daños presentados.
La labor del gobierno de AMLO es aplaudida por la población guerrerense y mexicana. Nunca antes se había visto esto en gobiernos anteriores cuando sólo daban cobijas como en el Paulina, comentaba la gente.
Los del PRIANRD decían “el dinero ni siquiera es de él”, ¿y quién ha dicho que es del peje? Obvio que no, rayos. Eso ya se sabe, pero nunca antes se había visto esto con los gobiernos pasados. Reconstruir Acapulco no es tan fácil. Aún queda mucho por hacer. Seguiremos de pie para RECONSTRUIR ACAPULCO.
