
Por Raúl Sánchez Aguirre
En la actualidad todo pareciera ser normal, nuestras creencias, conductas, el clima y quienes están provocando anormalidades preponderantemente destructivas, son otras personas, pero nunca nosotros porque nuestra actitud es simplemente normal.
Lo normal es ser bueno o malo dependiendo de nuestras ideologías, se puede ser bueno en lo malo y bueno en la acción u omisión de actos buenos; no obstante que también hay actos buenos que parecen malos; sin embargo, ¿qué es lo bueno y qué es lo malo?
Para saber si somos buenos en lo bueno, debemos estar conscientes de qué es lo bueno y qué es lo malo para estar en aptitud de hacer un ejercicio de ponderación y analizar si nuestra conducta es buena o mala. De lo contrario, como lo he asentado en temas precedentes, parafraseando a Zizek, seguiremos reafirmando que “no existe la creencia común; lo que hay es la creencia en que los demás creen”.
Desde el punto de vista de salud mental, sufrimiento psicológico y neurodiversidad, Sami Timimi nos invita a reflexionar en una magistral obra intitulada: “Qué es ser normal”. Pero desde el ámbito jurídico podemos hacernos la misma interrogante y descubrir una ramificación argumentativa impresionante.
¿Lo normal es ser respetuoso de la norma o violador de la misma? Constantemente escucho con mayor frecuencia, en pleno 2026, que le va mejor a los malos, pero nada bien a los buenos. Todo pareciera que es mejor ser político “corrupto” que juzgador “con base práctica y académica sólida”.
Te portas bien, pero si a ese loco cancerígeno influyente se le ocurre llamar al amigo del “gobierno” para “ponerte el dedo”, desde ese preciso momento te destroza la vida con mecanismos jurídicos que lacerarán tu existencia escudándose en que se trata de medidas cautelares que no violentan el principio de presunción de inocencia y mientras dura el procedimiento, realmente debes acreditar tu inocencia con pruebas plenas que demuestren la inexistencia de lo que satánicamente se te atribuye, y que debido al sistema que se tiene en México, ello es, prácticamente imposible -acreditar que eres buena persona-; además de que jurídicamente, tal acreditación no te corresponde, no es lo correcto, pero sí lo normal.
Si alguna medida cautelar trastoca los derechos de algún político “pesadito”, el mismo sistema lo protege y se encarga de demeritar la solidez normativa, pero si se trata de ti, mi querido lector, que, por supuesto tienes mi reconocimiento absoluto del respeto a tus derechos humanos, en caso de no tener recomendaciones en altas esferas, con el dedo autoritario del actual mecanismo gubernamental, no te auguro beneplácito.
Si no es contra ti, no hay problema, pero si es en tu contra podrían cambiar las cosas o perspectiva. La temática es alarmante porque es palpable que día a día prevalece más la exacerbada delincuencia y lo vemos con normalidad. El futuro que se quería evitar ya lo estamos viviendo, por una parte, un número más reducido de buenos exitosos y una mayor cantidad de personas que ya no sabemos si quedarnos o emprender el vuelo hacia el más allá.
Mientras tanto, comprendamos nuestras emociones como extraordinariamente nos lo expone Enrique Rojas, sanemos nuestra vida porque podemos hacerlo, siguiendo los pasos recomendados por Loise L. Hay, o disfrutemos el llamado “Basurero emocional” del que habla Alfonso Rodríguez, en caso de no descubrir como sanar nuestras heridas. Obras literarias de alta recomendación.
“Heridas en el corazón” provocadas no propiamente por la sociedad, sino por la ineficacia de los sistemas de justicia que imperan en nuestro “México lindo y querido”; pero como dice la tercera canción, te querré “cada día más”.