MUJERES Y AMOR

Por Patricia Segovia T.

 

Posterior al 14 de febrero, “Dia del Amor y la Amistad”, se reunieron como lo hacen periódicamente, un grupo de amigas para tomar café. Americano, Late, Cappuccino, Descafeinado, Affogato, fueron las diferentes variantes que se solicitaron de esta exquisita bebida.  Así de diversos los gustos y personalidades, incluida la de quien prefirió un té

Uno de los temas, fue la reciente muerte de “Paquita, la del barrio” Para Alina, fue una señora “con suerte” que aprovechó un mercado que no había sido explotado desde “Chelo Silva”, pero que sus canciones, no estaban en su “playlist”. Emma, pensaba que la cantante, era una mujer corriente, grosera. Rosa le daba igual. Tania, la intensa del grupo, admitió que le gustaban algunas canciones de la señora del barrio, otras le daban risa, pues hasta divertidas las encontraba y agregó que “Paquita” era una mujer muy interesante que comenzó a trabajar muy joven, traicionada por su primer amor y con gran convicción de lograr sus metas. Aurora, se declaró su fan.

Recordaron las “clásicas de Paquita” y hasta cantaron frases de “Rata inmunda, animal rastrero, escoria de la vida, adefesio mal hecho”.  “Tres veces te engañé. La primera por coraje, la segunda por capricho, la tercera por placer” “Y sin hacer tante bulla, te suplico que también, me saludes a la tuya”

Casi en automático, surgió la pregunta de cómo les había ido en el amor. Alina, después de darle un sorbo a su té, de quien ya se sabía, se había casado y divorciado, en dos ocasiones así como que su más reciente pareja, había muerto, comentó “He querido a mis parejas, pero nunca me he enamorado” “Para mí las poesías, las canciones, las frases de amor, se me hacen melosas, cursis, aburridas” “He sido atenta, leal, con los hombres en mi vida, me han tratado bien, pero cuando me he sentido poco valorada, o cansada de una persona, simplemente, me alejo, sin dolor, sin lamentaciones. Duró lo que tenía qué y cuando se acabó, concluyó” ¿Sufrir por amor? ¡Jamás!

Emma, soltera toda la vida, se decía que no sabía lo que era una relación íntima con un hombre. Su pueblo, en Costa chica, con tradiciones ancestrales, muy inmersa en la religión, no le permitió conocer el amor con el que pareció, fue el de su vida. Un hombre casado, razón por la cual, fue imposible cualquier avance amoroso con él.  “Fallarle” a su familia, a sus valores, creencias, eran una cadena imposible de romper.  Emma, solo dijo “No creo que el amor exista”

En Los Tuxtlas, no hubo una ventana más visitada por tríos, mariachis, solistas, duetos, para cantarle las más intensas canciones de amor que la de la joven Rosa. Hasta en los restaurantes, los músicos presentes, se sentían felices de ver a “Rosita” entrar. Sabían que esa tarde, tendrían trabajo seguro.  Ella se casó porque era lo que dictaba la sociedad en ese momento. A sus 25 años, seguir soltera, no era bien visto. Su primer marido, ejerció crueldad mental en cada momento que pudo. Fue un raro caso de que la familia política la adoraba y ella a ellos. Por fin se armó de valor, se divorció. Años después se volvió a casar. En ambos casos, les tuvo cariño a ambos, pero nunca amor. El verdadero, acaba de llegar a su vida en forma de un joven talentoso y eso lo convierte en imposible. Seguir unida a un esposo,  la diferencia de edades, el miedo a la brevedad, para ella obvia, de una eventual relación, la aterroriza y aunque está tan enamorada como nunca lo había estado, no pasará de llorar en las noches, pensando en lo que no puede, ni debe ser.

Tania, es una enamorada del amor.  3 veces en su vida, de manera intensa, ha sentido como   “Cupido” le clavó su flecha en el corazón. Se sabe todos los poemas, canciones que hablan de amor y sobre todo de desamor. No puede entender en que ha fallado. Se ha entregado en todas las formas a quienes ha creído son el verdadero, pero nunca, nunca ha sido correspondida. “Yo solamente les quiero reclamar a las que se han casado dos y tres veces. ¡Me robaron la mía!” Bromea, pero en el fondo, se compara para ver cuál es su falla. No es bella, pero tampoco un monstruo. No tiene un IQ de 180, pero tampoco es una piedra. Es autosuficiente, y aparenta un carácter y fortaleza de acero. Está convencida   que en algo ha errado para ser amada por un hombre, pero no ha logrado identificar la razón.

Aurora, casada y dispuesta a cumplir con “Hasta que la muerte los separe”. Ha sido el proveedor, la columna de su familia. Trabajando desde siempre, dando la apariencia de tener un hogar feliz, equilibrado, exitoso, integrado, pero la estabilidad emocional la ha conseguido en base a varios amantes que le han dado la seguridad, valoración, reconocimiento qué,  en su casa, no recibe. Ella no canta las canciones de “Paquita”, las vive, las siente, la representan.

Así pasó la tarde de estas mujeres tan diferentes que no se puede entender que tienen en común. En nada son similares, ni en edades, color de piel, estatura, gustos, valores, creencias, preferencias políticas, musicales. Son muy distintas en cuestión social, económica, lugar de nacimiento. Parece ser que lo qué las une son; la tolerancia, la solidaridad, el esfuerzo, la empatía, el cariño, la fortaleza, la inteligencia, grandes componentes de la amistad.

Al escuchar sus relatos, reafirmo;  no me gustan las películas de “Ciencia ficción” esas donde el amor es… digamos, algo muy diferente a la realidad.

Sí, haría falta el “Hombres y el amor”, pero será dentro de “muchas lunas”.