La sociedad de los NPC “cuando dejamos de pensar y comenzamos a funcionar en automático”

Por. Dr. Ricardo Guillén Memije

Presidente en México

Consejo mundial de la paz,

Voluntarios de la ONU; A. C.

 

Vivimos en una época extraordinaria. Nunca antes la humanidad había tenido tanto

acceso a la información, la tecnología y la comunicación.

 

Paradójicamente, también

pareciera que cada vez pensamos menos, escuchamos menos y sentimos menos.

 

En los videojuegos existe el concepto de NPC (Non-Player Character), personajes

programados para repetir siempre las mismas frases y comportamientos. Son figuras

que reaccionan automáticamente, sin cuestionar, sin evolucionar y sin verdadera

conciencia de lo que ocurre a su alrededor.

 

Aunque el término pertenece originalmente al mundo gamer, hoy puede servir como

una metáfora inquietante para describir ciertas conductas sociales contemporáneas.

Basta observar conversaciones cotidianas: “¿Cómo estás?”… “Bien.” La pregunta se formula por costumbre y la respuesta se pronuncia por reflejo. Rara vez

existe un interés genuino por conocer el estado emocional de la otra persona. El

diálogo se convierte en protocolo, no en comunicación.

Lo mismo ocurre cuando alguien pregunta: “¿Vas a trabajar?”; Y recibe como respuesta: “No queda de otra.” La frase parece inofensiva, pero refleja resignación, desgaste emocional y una vida vivida por inercia.

 

Muchas personas han dejado de vivir por propósito y han comenzado simplemente a cumplir rutinas.

 

El problema no es trabajar ni tener hábitos; toda sociedad necesita disciplina y

responsabilidad. El verdadero riesgo aparece cuando la rutina sustituye a la reflexión y

cuando las personas dejan de preguntarse qué desean realmente para sus vidas.

El escritor George Orwell advertía en su novela “1984”, que el mayor peligro para una

sociedad no era solamente la opresión visible, sino la pérdida gradual de la capacidad

de pensar críticamente. Una de las ideas centrales de la obra sostiene que quien controla la manera de pensar de las personas termina controlando también su percepción de la realidad.

 

Décadas después, esa advertencia parece más vigente que nunca. Hoy las redes

sociales premian la reacción inmediata, la validación superficial y el consumo acelerado de información. Se comparten opiniones sin análisis, se siguen tendencias sin

cuestionamientos y se adoptan posturas colectivas sin detenerse a reflexionar sobre

ellas.

 

La película “Free Guy; Tomando el control” es una película estadounidense de 2021 de

comedia, ciencia ficción humorística y acción dirigida por Shawn Levy a partir de un

guion de Matt Lieberman y Zak Penn y una historia de Lieberman. La película está

protagonizada por Ryan Reynoldsen el papel de un cajero de banco que descubre que

en realidad es un NPC: personaje no jugable en un videojuego de mundo abierto y

decide convertirse en el héroe de la historia y salvar a sus amigos de ser eliminados

por el creador del juego. sintetiza esta problemática en una frase memorable:

Más allá de la ficción, el mensaje conserva una enorme profundidad filosófica:

“despertar” lo cual implica recuperar la conciencia sobre nuestras decisiones, nuestras

emociones y nuestra manera de vivir.

 

Hoy muchas personas conocen más sobre la vida de celebridades e influencers que

sobre sus propios talentos, miedos o aspiraciones. La hiperconectividad ha generado,

paradójicamente, una creciente desconexión interior. Sin embargo, aún estamos a

tiempo de revertir esa tendencia.

Tal vez la verdadera revolución de nuestra época no sea tecnológica, sino humana.

Una revolución basada en recuperar conversaciones auténticas, escuchar con empatía, desarrollar pensamiento crítico y volver a interesarnos genuinamente por los demás.

 

Porque el ser humano no nació para repetir diálogos prefabricados ni para vivir en

piloto automático. Nació para crear, cuestionar, sentir y transformar su realidad.

Y quizá el verdadero éxito, en medio de un mundo saturado de estímulos y automatismos, consista precisamente en conservar algo que hoy parece escaso: la capacidad de vivir plenamente despiertos.