La marcha de las maestras de la CETEG…

Aleida Alarcón aleidaad@outlook.com

Los guerrerenses tenemos los movimientos magisteriales en nuestra agenda histórica, y sabemos que estos actos son desde la década de los años 50´s. Pero, ¿qué se vive al interior de ellos?

El pasado lunes el magisterio organizado a través de la Coordinadora Estatal de los Trabajadores de la Educación (CETEG) se dieron cita de varias regiones de la entidad para reunirse en dos sedes, una en el puerto de Acapulco y la otra en la capital del esta- do, Chilpancingo de los Bravo, colapsando las vías de comunicación principales y la autopista del sol por más de 10 horas.

Las razones para manifestarse, la ciudadanía en algún punto las conocemos; ya que la mayoría de los maestros, no solo en Guerrero si no en todo el país, reclama la defensa de sus derechos laborales y salariales, se tiene una agenda continuamente activa para que en cualquier momento que los dirigentes y representantes sindicales citen la ruta y la operación de estos movimientos, de inmediato los protocolos son socializados y los mensajes de los que van adelante se replican.

¿Pero qué hay de las mujeres? De aquellas maestras que son participantes desde el inicio de estas marchas, que se incluyen en los trabajos de la planeación, la logística de movilizaciones por grupos, por sectores, por zonas, por delegaciones, que enlista los pendientes y el pase de lista de todos aquellos y aquellas maestras que harán nutrida la marcha, que cumplen la ruta marcada por sus lideres y que rinde cuentas si es que le permiten mover recursos (humanos, materiales o financieros).

Se dicen en las consignan que buscan la igualdad y mejora salarial de los agremiados a la CETEG, que luchan y marchan por tener mejores oportunidades de crecer en el servicio docente; y en la realidad es que son los hombres los que son los principales beneficiados; porque las estadísticas son claras y ¡no mienten!

Según el INEGI, la brecha salarial entre hombres y mujeres es del 38%, esto quiere decir que una mujer gana menos que un hombre en las mismas circunstancias de jerarquía, horarios y responsabilidades de trabajo.

Un claro ejemplo es el sector magisterial, porque las maestras que participan en movimientos y actividades sindicales, solo ven el beneficio de un reconocimiento por escrito, si bien le va, y si pide acceder a sus derechos sindicales de participar en convocatorias para ser mejor pagada, tiene que ser victima de acosos, de sexismo, de misoginia. Porque las mujeres solo han estado para servir, eso en la mente del que sigue en el sistema patriarcal, y se nota en todos los rubros, en la política, en la ciencia, en la educación.

Las maestras que participan en la disidencia, tienen que lidiar con los temas privado, es decir, su hogar, sus hijos, sus parejas, sus responsabilidades como mujer al interior de su familia; y cuando éstas no son apoyadas por sus propias familias, se con- vierten victimas nuevamente pero ahora de violencia intrafamiliar.

Porque también ellas, tiene que cubrir esos roles, y ser unas mujeres maravillas, algunas tienen la posición de que sus parejas pertenezcan al mismo gremio, y caminan juntos, o nuevamente tienen que sacrificarse y volverse a casa para cubrir los otros frentes.

Escuchemos también a esas maestras que marchan y piden dignidad en sus condiciones laborales, porque llevan una desventaja, que los lideres son hombres. Pero hoy que existe el precedente de una mujer, que gobierna Guerrero sean los canales para que ellas, las maestras, también sean escuchadas.

Porque la educación se da desde lo privado y las mujeres tenemos esa doble responsabilidad que hoy debe ser compartida con las nuevas masculinidades, la lucha de las maestras de la CETEG es por un espacio, es por una voz más levantada por justicia, laboral en este caso, pero al final también ellas piden ser atendidas.