Aleida Alarcón aleidaad@outlook.com
La despenalización del aborto en México ha estado en la agenda legislativa desde hace décadas, el primer avance fue en el Distrito Federal, hoy CDXM; en el año 2007 cuando se aprueba la iniciativa de Ley que despenaliza el aborto por voluntad propia hasta las 12 semanas de gestación.
Mientras que para 2017, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, reconoció que “las mujeres y las personas gestantes en México tienen derecho a decidir sobre sus cuerpos y que al no permitir que estas personas accedan a un aborto voluntario no solo se vulneran sus libertades reproductivas y sus derechos al acceso a la salud (consagrados en el artículo 4 de la actual constitución federal), sino que además estigmatiza y pone en riesgo a las personas más pobres y en mayor grado de marginación, así como al personal de servicios salud.”
Colocando la disyuntiva de la despenalización en las entidades federativas como delito grave; por ello legislaturas locales se dan a la tarea de gestionar reformas a los códigos penales locales para esta armonización legal.
Sin embargo, el peso social hace mella en este tema; ya que existen dos posturas que polariza a la sociedad misma, porque están las personas que se designan “pro vida” y las personas que están a favor de la práctica del aborto mismo.
Existen dos vertientes sobre el concepto que se tiene de la práctica del aborto voluntario, una va en el sentido de la defensa de la vida absolutamente y el otro en la libertad del derecho a decidir; esto es complejo porque cada persona que se encuentra en una de estas dos posturas tiene sus justificantes y conceptualizaciones propias.
En la primera, religiosamente se defiende al no nato, es decir, al no nacido porque es un ser indefenso y que aun no puede mostrar independencia para defenderse, y pensándolo desde la sensibilidad humano, ¡claro! ¡es una vida! Y tiene derecho a desarrollarse sanamente en la vida misma que la divinidad del gran secreto de la creación posee, también existen posturas sobre este mismo sentido en la cual estigmatizan a las adolescentes y mujeres que tiene la libre vida sexual, sobre qué y cuantas veces decidir que se practica un aborto voluntario. De igual manera este otro argumento sobre el mensaje que deja esta iniciativa denominada libertinaje para abortar como si fuese una visita médica minúscula, la cual será vista como una práctica desensibilizada.
Lo importante es puntualizar que las jóvenes y mujeres siguen siendo victimizadas, porque se le señala por la postura de si practica o no esta decisión, y el hombre queda fuera del tema; sin embargo, también éste mismo es parte de la situación, ya que es participe de un embarazo.
La siguiente es la postura que toma cartas en el tema para apoyar la despenalización, y es que la practica medica de interrumpir el embarazo oficialmente se tiene identificada desde los años 30, donde la misma Ley permite esta práctica en caso de una violación. Pero, no asó para la decisión libre de una mujer, esto genera que en México alrededor de 3 millones de abortos se practiquen de manera clandestina, por ello la conmemoración de las personas que se encuentran a favor de estas modificaciones a la constitución local del estado.
Partamos que, si estamos o no a favor de estas reformas, es identificar y reconocer que estas prácticas ya se realizan, de manera ilegal, pero se hacen; lo que se plantea es regular los lugares y que el propio sistema mexicano de salud tenga este servicio para apoyar a cada mujer que lo desea bajo la circunstancia que presente.
Empero, todas acciones en pro del bienestar social, siempre demandaran estrategias de prevención, por ello el tema de la salud sexual y reproductiva requiere de es- tas mismas, la prevención, el acceso a la información y la facilitación de insumos, servicios y orientación para evitar incrementar las prácticas de la cual hablamos en el texto.
Toda sociedad debe estar informada, socializar las estrategias de salud pública dirigida hacia los jóvenes primeramente, enseguida del acceso a la información de toda mujer en el estado de Guerrero, porque un principio es que, las mujeres no tienen una vida sexual activa pensando que van a abortar, porque para llegar a esa decisión, una mujer pasa por un proceso de aceptación de lo que sucede, y después la recuperación del mismo, ya que hay mujeres que tienen como justificante: que ya es su séptimo u octavo hijo y no tienen como alimentarlo, que son embarazos no deseados, y un sin fin de argumentos en la cuales son válidos para ellas mismas.
Y la presión social, es otro factor que la mujer vive sola, porque una mujer se embaraza al tener sexo con un hombre, esta dura 9 meses en su proceso de gestación; y si ese hombre sigue de manera irresponsable teniendo vida sexual, ¿cuántas mujeres más puede embarazar durante esos nueve meses? Esto es todo un tema de análisis, debates y acuerdos.
Porque también la sociedad, las familias y las instituciones deben considerar que la educación es la base del todo, tener acceso a la información sobre los métodos y mucho más importante tener acceso a esos métodos, la prevención se hace con la ciudadanía y la población informada es una sociedad empoderada, de esa manera se aplica una política pública correcta con resultados favorables, sin daños colaterales como hijos no deseados, abandonados, maltratados, que con el tiempo se convierten en generadores de violencia por no darles una vida digna y de amor.
Partiendo desde la educación, la salud reproductiva, acceso a la información, socialización y acceso a servicios y métodos para la prevención de embarazos, desde ahí se pueden evitar que se escandalicen las prácticas de la interrupción del embarazo, hoy los gobiernos siguen apostándole a la polarización de la sociedad.
Y con ello no se podrá avanzar, porque la radicalización de las ideas es un mecanismo que genera más problemas y no se avanza en conjunto, como ciudadanía unida, todo por el bien de la comunidad, de nuestros pueblos y de nuestro propio país.
