EL PATRIOTISMO VISTO EN UNA UNIDAD

Por Aleida Alarcón

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Septiembre es un mes que nos recuerda la historia independentista de nuestro México, es la semblanza anual que presenciamos en todos los espacios; desde los gobiernos las estrategias de remembranza y en las aulas las semanas de actos académicos con distintas didácticas para refrescar el aprendizaje de nuestra historia; en la sociedad los simbolismos afloran en ventanas, puertas o techos, mostrando el patriotismo que tiene cada familia en lo largo y ancho de este país.

Pero, hablando de Patriotismo; desde el origen de sus letras significa la doctrina que ama a su patria, pero se concibe como un sentimiento que tienen los seres humanos por la tierra natal o adoptiva a la que se siente ligado por unos determinados valores, afectos, cultura e historia; es el equivalente colectivo al orgullo que siente una persona por pertenecer a una familia o también a una nación. Ese patriotismo lo tenemos tangible en las fuerzas armadas mexicanas.

Desde hace años he observado el lado humano de cada mujer y hombre que trabaja en cuerpos de seguridad o en las filas del sistema castrense; es tan la devoción al simbolismo con el que se adoctrina a cada cadete que las familias se transforman desde tener el orgullo que tienen a un elemento del ejército, de la marina o de la policía es parte de esa familia, los valores y la valoración al trabajo físico, intelectual y de servicio que comparte esa mujer u hombre toca la sensibilidad de éstos mismos.

Guerrero tiene la presencia del ejército en las calles desde su formación y antes de consolidarse como entidad federativa; eran otros ejércitos, y otros grupos que tenían trabajos por la libertad, los nombres de hombres y mujeres que formaban parte de ellos nos dan cuenta de esta línea del tiempo de las fuerzas armadas en nuestro estado, trabajando y luchando por ese patriotismo convencido que empujaban sus acciones.

En la actualidad, ese mismo patriotismo se vive en cada rostro de cada elemento del ejército y armada de México; regálense unos segundos para observar los rostros de hombres y mujeres que se apostan en las bateas de cada unidad de estas instituciones; es decir de las camionetas pick up que usan, ahora bien, en sus cajas donde se colocan los elementos que salen a opera, a ellos hay que observar.

Observen los rostros, en su mayoría son de jóvenes que ya transformaron su amor a México; tal vez primeramente fue la necesidad de un empleo, que es la seguridad que dan las fuerzas armadas para mantener a una familia de manera segura, o posiblemente por la convicción que se tiene desde la infancia y/o adolescencia para servir a la patria y que el atractivo es portar un uniforme porque se le connota la honorabilidad.

En este momento, pensarán, pero hay también mucha corrupción y abuso de poder, ¡sí! es correcto; pero ahora estoy colocando el rostro humano de cada persona que yace en una batea en su jornada de servicio.

Esos rostros que pueden distinguirse en algunos, el cansancio del servicio que no se sabe si es de 30 día continuos o de 24 horas permanentes cada jornada; esos rostros que en ocasiones identifico porque son jóvenes que portan su uniforme que los distingue como tropa (que son aquellos que aún no son oficiales en la escala de rangos) y que no saben cuándo terminará la jornada, para descansar y ver a su familia, rostros que llevan ese cansancio pero se mantienen alerta de saber que los “objetivos” están en la misma ciudad, en el mismo lugar donde hacen sus recorridos; hombres y mujeres que se mantienen atentos por resguardar la estabilidad de la zona o región a la que se les ha adscrito.

Hombres y mujeres que, por decisión o necesidad, fueron adoctrinados para que ese patriotismo, fuese el motor de continuar en el servicio, en esas miradas de precaución porque saben que la sociedad está perdiendo la confianza en ellos, aun que de ellos no depende directamente la acción ordena para efectuar; esas miradas de culpa por saber que dentro de ellos mismos están esas personas que tienen vínculos con los objetivos.

Detenerse a observar unos segundos cada rostro de una mujer u hombre que va en la batea de esas unidades, sin saber si el factor sorpresa será lo que tengan en su parte de novedades para informar que existió un acontecimiento en flagrancia o un enfrentamiento con esos objetivos, esos rostros que he comprobado que cuando se les da una mirada de agradecimiento o una mueca de reconocimiento, para que incremente su ánimo de seguir en la jornada, se llenan de esa energía para continuar animados en esa batea atentos en su servicio.

Somos seres humanos, y cada efectivo del ejército y de la armada que hoy los políticos debaten por su figura jurídica en las calles, y que son cargados de facultades que aún no están definidas pero que se les usa para todo evento en el país y dentro de cada una de nuestras ciudades; para resguardo de desastres naturales, para apoyo de seguridad, para resguardo y operación logística de la pandemia, en fin, para cada evento que afecte a la sociedad estos hombres y mujeres están presentes.

Todos somos seres humanos, sí, y por lo menos me gusta agradecer a la distancia cuando no tengo oportunidad de hacerlo de frente, por todo el tiempo que cada mujer y hombre se mantiene haciendo su servicio en esas bateas de cada unidad de los militares, esa mirada que regreso si ellas o ellos me miran al observarlos ya sea en un alto del semáforo, caminando en la calle y verlos transitar o de pie en algún lugar, y también cuando andan a pie en un sitio, esa mirada amable que regreso a su visión del momento; porque el patriotismo se vive en ellos, se respira en ellos y se palpa también.

Somos seres humanos, y el patriotismo lo tenemos todos, en estas semanas que conmemoramos a los niños héroes, a la guerra de independencia y a cada hombre y mujer que estuvo dentro o a cargo de un grupo de esos ejércitos lo revivimos diciendo cómo celebramos ser ¡Mexicanos ¡ agradezcamos a esos hombres y mujeres que dan su servicio cuando dormimos y estamos en casa, cuando sus familias cuentan los días por esperar su franquicia, y cuando les veamos en cada lugar, en ello radica la dignidad y eficiencia de cada ejército en el mundo, que su pueblo le reconoce y le agradece su servicio; si no, analicen a los Estados Unidos como se relaciona la ciudadanía con su ejército, e insisto, sí, hay elementos malos y corrupción; pero lo que nos toca como ciudadanía es agradecer el servicio que nos dan. ¿se imaginan como funcionáramos cuando el ejército se resguardara en sus cuarteles y nosotros afectados por un huracán o un sismo?

Por ello, regálense unos segundos para observar esos rostros de los efectivos que van en esas bateas de unidades militares, comprueben y tendrán una respuesta; el que agradece fortalece.