
Valeria Aylin Hernández Muñoz
El cambio climático ya no es únicamente una amenaza para los glaciares, los bosques o los océanos. También está llegando a uno de los espacios más cotidianos de nuestra vida: la mesa. Sequías, olas de calor, inundaciones y otros fenómenos extremos están alterando la producción de alimentos en distintas regiones del mundo y podrían hacer que algunos productos sean más escasos y costosos.
El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) ha advertido que, conforme aumente el calentamiento global, los efectos sobre la productividad agrícola serán cada vez más perjudiciales. El organismo señala que el cambio climático afecta los cuatro pilares de la seguridad alimentaria: disponibilidad, acceso, utilización y estabilidad.
El problema ya no pertenece únicamente al futuro. En abril de 2026, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), junto con la Organización Meteorológica Mundial, alertó que el calor extremo está llevando a los sistemas agroalimentarios al límite y representa riesgos para cultivos, ganado y pesca.
La situación podría complicarse durante los próximos meses. La FAO y el Programa Mundial de Alimentos advierten que un episodio fuerte de El Niño previsto para la segunda mitad de 2026 podría incrementar la probabilidad de sequías, inundaciones y tormentas en distintas partes de África, Asia, el Pacífico y América Latina y el Caribe. Estos fenómenos pueden interrumpir las temporadas de siembra y cosecha, además de reducir la disponibilidad de agua, y más que una advertencia… es una realidad.
Cuando una cosecha falla, el impacto no necesariamente se queda en el campo; una menor producción puede alterar las cadenas de suministro y ejercer presión sobre los precios. Un estudio del Fondo Monetario Internacional publicado en 2025 encontró que una mayor volatilidad de las temperaturas y las lluvias se ha relacionado con una mayor imprevisibilidad en los precios de los alimentos.
Esto significa que el clima de una región puede terminar influyendo en el menú de otra. Una sequía, una inundación o una temporada de calor extremo ocurrida a miles de kilómetros puede repercutir en la disponibilidad y el costo de productos que forman parte de nuestra alimentación cotidiana como mexicanos.
El desafío, entonces, no consiste únicamente en producir más alimentos, sino en conseguir que nuestros sistemas agrícolas puedan resistir un clima cada vez más impredecible. La FAO advierte que la variabilidad climática y los fenómenos extremos ya están reduciendo la productividad agrícola, alterando las cadenas de suministro y afectando la seguridad alimentaria en América Latina y el Caribe.
El cambio climático, entonces, no solo está transformando paisajes o elevando temperaturas; también está modificando la relación que tenemos con la comida. Lo que hoy parece cotidiano podría no serlo para las próximas generaciones. El verdadero desafío será lograr que un clima cada vez más extremo no termine convirtiendo el acceso a una alimentación diversa, suficiente y saludable en un privilegio.