
Acapulco ha enfrentado en los últimos años una serie de crisis tras otra, en teoría debiéramos de estar ya adaptados a ese estilo de vida; sin embargo, una y otra vez, a medias, con mucho talento, creatividad y esfuerzo, nos reinventamos.
Paulina, H1N1, la inseguridad, crisis turística, inestabilidad social ante hechos como los 43 jóvenes desaparecidos en Iguala, los fenómenos naturales Manuel e Ingrid… y así llegamos al 2020 con la pandemia del coronavirus.
Aquí vale la pena hacer una reflexión: la naturaleza (un virus) nos ha mostrado cuan frágil y vulnerable es la raza humana, ésa que conquista espacio, tierras, adelantos tecnológicos, egoísta, autoritaria, y muy, pero muy depredadora.
Por todas las razones del mundo que nos pasen por la cabeza, ahora estamos ante una situación inédita: se requiere que todos nos quedemos en casa, que rompamos el hilo del contagio masivo que cada día suma víctimas, desgraciadamente algunas de ellas con fin mortal.
Y para lograr que asumamos un riguroso aislamiento domiciliario se le pidió a las empresas enviar a sus colaboradores a cuarentena, así como el cierre de establecimientos e incluso llegar a lo inimaginable y nunca ocurrido en Acapulco: el cierre de sus playas.
Sí va a ser un difícil confinamiento, porque el asunto debió y debe atenderse desde el punto de vista de salud (el más importante) y el económico.
Hoy no analizaremos si se ha aplicada o no la estrategia adecuada.
Hoy sólo te diremos que está en tí, de la manera de sacrificio y deseos de sobrevivencia (económico y de salud) que tengas, para crear las condiciones de estar presente cuando se comience a recuperar la normalidad.
Y ahí, si respetamos lo de #QuédateEnCasa tendrán que estar la mayoría para vernos pronto.
Presencia, tu revista, tiene la certeza de que como siempre, los mexicanos, los guerrerenses y los acapulqueños en lo particular, haremos lo inimaginable por nuestra propia cuenta y voluntad para que también podamos decirle pronto a los turistas : Ustedes son nuestra familia y Acapulco nuestra casa