Independientemente de si hay pugna entre el Dios maya de la lluvia Chaac y el rey mitológico griego del océano Poseidón, por haber colocado la estatua de este último en una playa de Yucatán y que eso originó las lluvias.
Lo cierto es que Yucatán se tomó más en serio los avisos sobre la llegada del Huracán Beryl que arribó con categoría 4 a Jamaica y en México con categoría 3. Se vio mayor coordinación entre autoridades federales (que ahora sí actuaron con anticipación), estatales y municipales. La sociedad por su parte también actuó con mayor responsabilidad. Que no se hayan tenido muchos daños tanto humanos como materiales, es una buena noticia.
Sin duda lo que pasó en Acapulco con la brutal entrada de Otis ha sido el ejemplo para que por ejemplo Nuevo León recientemente y ahora Yucatán se pusieran las pilas. Así que ése es el camino, establecer protocolos de seguridad que sean atendidos por todos los involucrados: sociedad y gobierno.
Lo anterior nos lleva ahora a la parte de prevención, y es qué tan interesados están en actuar en consecuencia autoridades y sociedad, para generar una nueva propuesta ante los hechos de que las actuales medidas son insuficientes, tanto para atender terremotos como el del 21 o el Otis en 2023.
Es urgente la creación de refugios debidamente equipados para ese tipo de eventualidades climatológicas, que para desgracia cobran vidas humanas, lo cual se podría evitar, si desde este momento se implementa una estrategia especial al respecto.
Vamos a ver de qué estamos hechos en Acapulco, porque los fenómenos naturales seguirán afectándonos, y por lo que estamos viendo cada día con mayor magnitud. El cambio climático no perdona.
