México gana, México respira | Propuestas y Soluciones

Jorge Laurel González

La Copa del Mundo es una forma muy importante de medir a los buenos jugadores y a los grandes. Es una prueba para un gran jugador.

Pelé, futbolista brasileño, tricampeón mundial (1940 – 2022)

México está viviendo uno de esos momentos en que el futbol deja de ser solamente futbol. La Selección Mexicana, ubicada en el lugar 14 del ranking FIFA en la última clasificación oficial previa al Mundial, no sólo ha ganado sus dos primeros partidos: ha recuperado confianza, ha ordenado el ánimo nacional y ha puesto al país entero en una conversación positiva ante el mundo.

El Grupo A no era menor. México comparte sector con Sudáfrica, Corea del Sur y República Checa: tres estilos, tres continentes y tres formas distintas de competir. Sudáfrica aparece como una selección física y resistente; Corea del Sur, con disciplina asiática y ranking alto; República Checa, con tradición europea y fortaleza táctica. En ese contexto, México llegó con la responsabilidad adicional de ser anfitrión, de jugar ante su gente y de cargar con la exigencia histórica de no fallar en casa.

Y hasta ahora no ha fallado. Primero venció 2-0 a Sudáfrica en el partido inaugural, con goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez, en un encuentro intenso, áspero y emocional. Después derrotó 1-0 a Corea del Sur con gol de Luis Romo, resultado que le dio seis puntos, el liderato del grupo y la clasificación a la ronda de 32. Reuters reportó que México se convirtió en el primer equipo en asegurar su pase a la siguiente ronda y que, además, garantizó jugar su primer partido de eliminación directa en la Ciudad de México. Como decía Pelé, el Mundial no sólo mide a los buenos jugadores: distingue a los grandes. Y México, en esta Copa, empieza a jugar no sólo por puntos, sino por grandeza.

Esto tiene un valor futbolístico enorme. México no sólo está ganando: está aprendiendo a ganar. No ha sido una selección espectacular todo el tiempo, pero sí ha sido práctica, madura y competitiva. Javier Aguirre lo expresó con claridad después del triunfo ante Corea del Sur: el equipo fue paciente, aprendió de errores y entendió que jugar en casa es un factor invaluable.

Ahora viene República Checa, ranking FIFA 41°, y con ese partido se abre una posibilidad histórica: que México cierre la primera ronda con tres triunfos. Sería una señal de autoridad deportiva y, también, un mensaje simbólico. México pasaría de la vieja discusión sobre si se puede avanzar, a una conversación mucho más ambiciosa: hasta dónde puede llegar esta selección cuando juega con orden, localía, carácter y confianza.

Pero el futbol también tiene efectos fuera de la cancha. Cuando gana la selección, gana el estado de ánimo colectivo. No se resuelven con un gol los problemas de seguridad, economía, desigualdad o servicios públicos; pero sí se modifica, aunque sea temporalmente, la percepción social. La alegría deportiva produce conversación, convivencia, consumo, orgullo y una sensación de bienestar compartido.

Hay estudios sobre cómo los resultados deportivos pueden influir en el ánimo público y, en algunos contextos, incluso en la evaluación de los gobiernos; aunque la evidencia académica no es uniforme, sí reconoce que el éxito deportivo puede generar cohesión, orgullo nacional y un efecto emocional que se proyecta hacia otros ámbitos de la vida pública.

Por eso los gobiernos suelen beneficiarse de estos momentos. No necesariamente porque hayan provocado el triunfo, sino porque administran el entorno donde ese triunfo se celebra. Un país alegre consume más, sale más, convive más y mira con mayor indulgencia el presente. Sin embargo, sería un error convertir la victoria deportiva en propaganda. Lo correcto es convertirla en oportunidad.

Y la oportunidad más clara está en el turismo. México, entre mejor juegue, más tiempo permanecerá en la pantalla mundial. Cada partido ganado multiplica imágenes de estadios, ciudades, calles, gastronomía, música, plazas públicas y celebraciones. La marca México se vuelve emoción, no sólo publicidad. El Mundial ya está generando movimiento económico: se ha reportado derrama relevante en el FIFA Fan Fest del Zócalo, con beneficios para hospedaje, restaurantes, transporte, entretenimiento y comercio.

Además, los análisis sobre el Mundial 2026 han señalado que México puede recibir una derrama multimillonaria y un impulso importante en empleo temporal, aunque también advierten que el beneficio no será automático si no existe planeación turística, conectividad, seguridad, limpieza urbana y promoción estratégica.

Ahí está el punto central: ganar partidos abre la puerta, pero sólo una política turística inteligente convierte esa puerta en desarrollo. México debe aprovechar el buen paso de la selección para promover no sólo las sedes mundialistas, sino al país completo: sus playas, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, ciudades coloniales, gastronomía, cultura, música y hospitalidad. Acapulco, por ejemplo, no debe mirar el Mundial desde lejos. Debe integrarse a la conversación nacional con paquetes turísticos, eventos temáticos, experiencias gastronómicas, promoción digital y alianzas con operadores nacionales e internacionales.

Los triunfos de la selección pueden ser una vitrina. Pero una vitrina vacía no vende. Hay que llenarla con orden, seguridad, servicio, limpieza, conectividad aérea y narrativa positiva. El turista no sólo viene a ver futbol; viene a vivir el país que el futbol le mostró.

México tiene hoy seis puntos, liderato consolidado y una oportunidad histórica frente a República Checa. Si gana, cerrará una primera ronda perfecta. Pero más allá del marcador, el verdadero desafío es entender que cada triunfo deportivo puede convertirse en confianza pública, identidad nacional y promoción turística internacional.

La selección ya hizo su parte: ganar. Ahora corresponde a gobiernos, empresarios, destinos turísticos y sociedad civil hacer la suya: aprovechar el momento, cuidar al visitante, proyectar una buena imagen y demostrar que México no sólo sabe celebrar el futbol, sino también recibir al mundo. Porque cuando México gana en la cancha, el país entero aparece en la pantalla. Y si sabemos aprovecharlo, no sólo avanzará la selección: avanzará también la imagen de México ante el mundo. Recordemos que solamente Juntos, Logramos Generar, Propuestas y Soluciones.

JLG