Julián Quiñones: entre el origen y la identidad

Valeria Aylin Hernández Muñoz

 

Cada que Julián Quiñones anota un gol a favor de la selección mexicana, no solamente mueve las cifras en el marcador oficial, sino que también reaviva una discusión entre los mismos fanáticos de la selección y público en general sobre si debe un futbolista nacido en otro país representar a México.

Las redes sociales han sido el escenario perfecto para llevar a cabo esa discusión, por un lado, están quienes piensan que solamente aquellos nacidos en suelo mexicano tienen el derecho legítimo de representar a nuestro país, puesto que representar al país implica un vínculo de origen que no puede adquirirse mediante un proceso de naturalización, aparentemente. Por otro lado, están quienes recuerdan que la nacionalidad también puede ser construida y que un pasaporte no siempre refleja el lugar donde una persona nació sino también el sitio donde decidió vivir, crecer, trabajar y ser, es decir forjarse una identidad.

Hablar del caso de Julián, representa algo sumamente interesante puesto que rompe con uno de los argumentos más repetidos por sus detractores, cabe destacar que él no llegó a México en una etapa de su carrera profesional en término, ni busca una nacionalidad únicamente para disputar un mundial. Llegó siendo joven, desarrolló prácticamente toda su carrera en la Liga MX y construyó aquí una parte muy importante de su vida, y cuando tuvo la posibilidad de elegir entre Colombia y México, es decir: la tierra en que nació y la tierra que lo vió consolidarse como un jugador de primera, decidió ponerse la camiseta,  y no una cualquiera sino la mexicana.

Y es aquí donde surge la inevitable pregunta: ¿qué pesa más, el lugar donde uno nace o el país que elegiste representar?”

En la historia del deporte moderno existen muchos casos como este, jugadores que nacieron fuera de las fronteras que hoy defienden en la chacha. Las reglas de la FIFA contemplan este tipo de casos porque entienden que la identidad nacional puede ser construida también a través de diversas rutas, algunas legales y otras deportivas.

Pero detrás del reglamento existe un componente mucho más emocional. La selección nacional representa orgullo, historia y sentido de pertenencia. Por eso muchos aficionados sienten que esa camiseta debe ser defendida únicamente por quienes nacieron bajo la misma bandera. Es una postura comprensible, porque el fútbol despierta emociones que pocas veces responden únicamente a la lógica.

Sin embargo, también vale la pena preguntarse si el amor por un país puede medirse exclusivamente por el lugar de nacimiento. Si un ciudadano naturalizado cumple con todos los requisitos legales, trabaja, aporta, construye su vida en México y, además, teniendo la posibilidad de representar a su nación de origen decide portar la camiseta mexicana, ¿es menos mexicano en la cancha que alguien nacido aquí?

Quizá el verdadero debate no sea sobre Julián Quiñones. Tal vez el fondo del asunto sea cómo entendemos hoy la identidad nacional en un mundo donde millones de personas migran, forman familias lejos de su lugar de origen y terminan sintiendo como propio un país distinto al que los vio nacer.

Al final, cada aficionado tendrá su propia respuesta. Algunos seguirán creyendo que la selección debe estar integrada únicamente por nacidos en México. Otros pensarán que la nacionalidad también se demuestra con decisiones, compromiso y entrega. Lo cierto es que, mientras la discusión continúa en redes sociales, Quiñones responde de la manera más difícil de cuestionar en el fútbol: jugando, compitiendo y marcando goles con la camiseta de México. Y quizá esa sea la única opinión que realmente puede ofrecer dentro de la cancha.