
Viene una de las épocas más interesantes e influyentes del año: las fiestas navideñas y de año nuevo. Estas tienen como características buscar las condiciones para acercarnos a los lejanos, para cerrar heridas en búsqueda de la reconciliación… en fin, los mensajes por lo general son de unión, paz y concordia.
Sin entrar en detalles irreconciliables, no hay duda de que México, Guerrero, Acapulco vive como sociedad una época de división, en la que familias, amistades, vecinos, compañeros de trabajo y comunidad que nos rodea hay diferencias, principalmente en el terreno político.
Esto se ha ido incubando desde hace varios años. Lo grave es que una amistad, un lazo familiar o de trabajo se rompa, destruya por defender la actuación de un o unos políticos. La historia no ha mostrado cómo países enteros se desmoronan porque así les conviene a los grupos que ostentan o buscan el poder.
La mejor manera de avanzar como sociedad es respetar la manera de pensar de quienes nos rodean, mantener los ideales propios sin tratar de imponerlos… y lo más importante: que todos, desde su particular forma de entender el desarrollo gubernamental y político se les exija a quienes conducen el país, el estado y el municipio que hagan bien su trabajo.
Presionarlos para que se erradiquen los dos principales males que han ahogado a nuestra nación: la corrupción y la impunidad, a través de la rendición de cuentas, la transparencia de sus actos y la aplicación de la ley en su caso.
Cuando ello suceda, cuando la sociedad se una en sus coincidencias y exija a las autoridades que cumplan sus funciones, en ese momento se dará el punto de quiebre porque tanto simpatizantes como oposición, irán entonces sí, tras el bien común, que es lo que tanta falta nos hace.
Por lo pronto, váyanse preparando para tener unas felices fiestas.
