
Por Mary Carmen Hollenstein
Cuando los calentanos se juntan, aunque sea lejos de Tierra Caliente, la tierra se siente. Así se vivió la tradicional Fiesta Calentana en Honor a San Juan Bautista en Acapulco, una tarde noche donde imperaron la diversión, el orgullo por las raíces y esa alegría que solo la gente de la región sabe ponerle a la fiesta.
Y es que una fiesta de calentanos radicados fuera de su tierra es eso: un pedacito de Altamirano, de Arcelia, de Tlapehuala, de Coyuca y de todo el Balsas, traído hasta acá. Es el reencuentro de familias que salieron a buscar futuro, pero que nunca olvidaron el sombrero, el huarache y el sabor del aporreado. Todos llegan con el corazón dispuesto, se abrazan como si no hubiera pasado el tiempo y celebran que siguen siendo calentanos donde quiera que estén.
La música no paró. Hubo baile desde el inicio y, por supuesto la emoción subió con el infaltable baile de la Iguana, donde entre risas, zapateado y la picardía de los asistentes, se formó el ruedo y se vivió el momento más esperado de la noche.
La celebración también tuvo su parte emotiva con la entrega de reconocimientos a calentanos distinguidos que han puesto en alto el nombre de Tierra Caliente fuera de ella, además de la grata asistencia de paisanos llegados de otras partes del país que hicieron el viaje solo para no perderse la fiesta de su Santo Patrono.
El programa se lució con el espectáculo de caballos bailadores, que levantaron el aplauso de todos, la presentación del ballet folclórico con estampas calentanas y, como buen festejo, la rica comida: aporreadillo, toqueres, uchepos, mole y el buen mezcal que no pudo faltar.
