Derechos Humanos y El Mundo en Tus Manos

Por Raúl Sánchez Aguirre

En el preámbulo de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, “Pacto de San José de Costa Rica”, se anotó la siguiente expresión:

“…con arreglo a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sólo puede realizarse el ideal del ser humano libre, exento del temor y de la miseria, si se crean condiciones que permitan a cada persona gozar de sus derechos económicos, sociales y culturales, tanto como de sus derechos civiles y políticos…”

Sin embargo, en México, no obstante que somos parte del aludido “Pacto”, nuestras autoridades, al parecer, desconocen que día a día con extenuante burocratismo y delincuencia exacerbada imponen temor y aumentan la miseria en gran parte de nuestro territorio lastimando de manera latente y continuada los Derechos Humanos de quienes nos ubicamos en lo dispuesto por el artículo primero de la Constitución Política Federal.

Lamentablemente, nos hemos impregnado de falacias y retóricas banales que producen una superficial idea de que todos como sociedad “estamos bien” porque el sistema está terminando con la corrupción.

Empero, vivimos dentro del temor y la miseria que produce el único poder que actualmente, de facto, lleva las riendas del país. En el 2002, la UNAM publicó una extraordinaria obra intitulada: “Estado de Derecho y Transición Jurídica” y en la actualidad seguimos hablando de transformaciones desde el punto de vista político, pero que en realidad a nada bueno han conducido al país; por el contrario, es evidente la precariedad y el déficit.

Dentro del Poder Judicial de la Federación, específicamente en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, vemos ya como “hecho notorio” que hasta para entender el sentido de la votación de los ministros, se deben interpretar con base en la causa de pedir: “Lo que fulanito o perenganito quiso decir es…”. Ante ello, no hay certeza para saber con exactitud y menos aún elementos suficientes que permitan comprender si el sentido del voto es realmente como lo indicó quien lo emitió o, en su defecto, de quien lo interpretó.

Lo que no se ve de manera pública, debido a la supuesta reserva y confidencialidad impuesta por la normativa interna del Órgano de Administración Judicial, es peor.

De tal forma que, ante la realidad lacerante, es mejor sumergirnos en las obras literarias de Susan Neiman y/o Harvey Whitehouse, entre otros, y cubrir la cabeza como los avestruces con postura similar a la vertida por la doctrina francesa en la economía liberal del siglo XVIII, laissez faire, laissez passer, “Dejar hacer, dejar pasar”.

Sin embargo, no olvidemos que, precisamente, los Derechos Humanos los tenemos todos y el mundo está en nuestras manos.