Cómo adoptar una araña patona

(Instrucciones para entablar amistades improbables)

Enrique Caballero Peraza

Primero hay que saber observar, porque las arañas patonas
rara vez anuncian su llegada, menos aún su permanencia. El
lugar ideal suele ser un baño, preferentemente cerca del
lavabo, para garantizar encuentros cotidianos. Si en algún
momento encuentra usted una en la esquina superior, frente
al espejo, es señal inequívoca de que ha sido adoptado. No
se oponga: las adopciones por parte de arañas suelen ser
discretas, unilaterales y definitivas.
Conviene ponerle un nombre de resonancia
mitológica, como Aracne, para que el respeto sea mutuo y
ambas partes comprendan la gravedad poética del vínculo
establecido. Nunca use nombres triviales, porque las arañas
tienen buena memoria y un sentido desarrollado del orgullo.
Aracne es adecuado, por griego, por hermoso y porque así
parecerá que ella le ha tejido no una tela cualquiera, sino una
historia.
Debe alimentarla regularmente con pequeñas presas
vivas, preferentemente mosquitos o diminutos gusanos
recolectados en el jardín. Hágalo con discreción y evite que
otras personas lo vean arrojar insectos al rincón del baño; su
reputación podría resentirse gravemente. Tampoco espere
agradecimientos excesivos por parte de Aracne: ella dará un
salto delicado desde detrás del espejo (donde suele
descansar de usted y del mundo) y envolverá velozmente el
regalo en un sudario de seda. La rapidez con que lo haga es
directamente proporcional a la estima que le profesa.

Notará que, si el vínculo prospera, Aracne crecerá y
pronto será madre de tres o cuatro pequeñas patonas, que
colgarán telarañas propias debajo de la suya.

Acepte el hecho con serenidad, como se aceptan las
flores silvestres que brotan espontáneamente en los caminos.
Recuerde que usted no solo ha adoptado una araña, sino
también su linaje. No las trate con demasiada familiaridad,
pero tampoco con fría indiferencia; ambas posturas resultan
ofensivas para las arañas patonas, que valoran el equilibrio
por encima de todas las cosas.
Con el tiempo comenzará a preguntarse si Aracne lo
comprende. Ella lo observará fijo desde la esquina del
lavabo, inclinando ligeramente su cuerpo hacia usted con la
paciencia milenaria de los arácnidos. Aunque nunca recibirá
respuesta clara, sospechará que sí, que lo entiende mejor que
muchas personas. Le sugerirá esto especialmente cuando la
vea esconderse tras el espejo justo cuando usted necesita
privacidad, o cuando salga con perfecta puntualidad para
recibir el alimento diario.
Algún día —y esto será inevitable— alguien
descubrirá su secreto y preguntará, alarmado o intrigado,
por qué permite la existencia de esa araña en su baño, en su
espejo, en su vida cotidiana. Respire hondo, mantenga la
dignidad y responda con calma:
—Porque las amistades más valiosas suelen ser así:
improbables, discretas, un poco enigmáticas y siempre
ligeramente incomprensibles.
Y luego, sin dar mayores explicaciones, vuelva al
baño. Aracne lo espera paciente detrás del espejo.