
Valeria Aylin Hernández Muñoz
Hay artistas que le cantan a la calle, desde el ego o las historias ocultas que ocurren en ella, y otros buscan penetrar el alma de las personas con sus letras, generando ecos en la consciencia social y diseccionando los problemas del barrio en una serie de aristas cuyo vértice de solución en común es uno: “All we need is love” (todo lo que necesitamos es amor).
Este era el lema de Tirone José González Orama, artísticamente conocido como “Canserbero”, un rapero nacido en tierra venezolana, criado en el corazón de Caracas, quien desde muy pequeño encontró en la música un espacio para poder tanto desahogarse como apelar a lo común y lo cotidiano e invitar a ver la vida desde sus propios ojos tan distintivo de color verde.
El subgénero del rap consciencia encontró en Canserbero su máximo exponente contemporáneo, con líricas que hablan de los sinsabores de la vida humana como las traiciones, el desamor, la tristeza de haber perdido a una madre (su madre), hasta letras que hacen un llamado a cuestionar el entorno donde vivimos, quién nos gobierna y qué podemos hacer para lograr un cambio. En su discografía encontramos álbumes como: Vida (2010) en lo que podemos destacar canciones como “pensando en ti”, “¿Aceptas?” y “Mucho Gusto”; Muerte (2012), el álbum que muchos dirían es la contraparte del primero en donde podemos explorar y conocer a un Canserbero más íntimo pero menos romántico, en donde la venganza, la rabia y la tragedia marcan las líricas de piezas inolvidables como “Jeremías 17:5”, “Es épico” y “C’est la mort”.
El legado de Canserbero trasciende las fronteras generacionales y los límites del hip-hop latinoamericano, manteniendo una vigencia asombrosa año tras año. Jóvenes que no coincidieron con su vida biológica hoy encuentran en sus rimas un refugio emocional, un manual de resistencia y un espejo donde pueden procesar sus propios duelos e incertidumbres. Su voz pasó a ser un agente atemporal definido como patrimonio cultural musical no solo de Venezuela sino de Latinoamérica, pensar que en un cuarto en la parte más alta de una casa de algún barrio de Caracas fue el estudio improvisado de un chico con sueños que sin saberlo o buscarlo tuvo el éxito y el reconocimiento que al sol de hoy persiste.
En un mundo lleno de inhumanidad se necesitan humanos, Canserbero era uno de ellos… quizá único en su tipo y un recordatorio de que en medio de tanta hostilidad y desilusión el amor consciente y la empatía es la única fuerza capaz de resanar las grietas del individuo y la sociedad.
Antes de culminar con este artículo, quisiera invitar a los apreciables lectores de esta prestigiosa revista, a escuchar cuatro canciones que su servidora recomienda ampliamente de este gran artista y a través de las cuales pueden identificarse tanto como yo:
á Es épico: Para quienes buscan descender a los infiernos de Dante y presenciar la literatura hecha canción a los ojos de Canserbero.
á Ley del hielo: Para quienes cargan con la ausencia de una madre y convierten el luto en memoria viva.
á De la vida como película, tragedia, comedia y ficción: Para los observadores silenciosos del gran teatro de la existencia.
á CANbiate: Para las mentes inquietas que deciden mirar hacia adentro antes de juzgar al mundo.
Y recuerden: All we need is love.