Y a tomaron posesión los gobiernos estatal y municipal. Guerrero y Acapulco tienen un viento de equidad de género al tener en ambos casos una mujer al frente del poder ejecutivo, eso técnicamente es un gran paso.
La confianza en el talento y capacidad de las mujeres es un gran avance, ahora viene la validación con sus acciones de que la mayoría de los electores no se equivocó en su decisión. Para mala fortuna tanto en la entidad como en el puerto la situación es más que complicada.
Se puede resumir en la atención a tres temas relevantes inmediatos a nivel estatal: Inseguridad, Pandemia y Crisis Económica. A estos tres temas se suma en el caso del municipio de Acapulco la grave situación de falta de suministro de agua, red hidrosanitaria colapsada y mala recolección de la basura, por citar sólo tres casos de urgente atención.
Ante esta nueva realidad, es indispensable la reorganización de la sociedad civil guerrerense y acapulqueña. Implementar una actitud que vaya más allá de anunciar el voto de confianza en las gobernantes o colocar piezas dentro del aparato burocrático.
Urge una fórmula en la que, sin que nadie se considere agraviado de manera personal, se instrumenten canales, puentes de comunicación que den como resultado políticas públicas en benefcio de la mayoría, del colectivo.
Es cierto que hay que brindarle una mayor atención a los sectores más desprotegidos, pero dadas las condiciones que se están viviendo, principalmente por el problema económico, las autoridades tienen que atender de manera rápida a la clase media, esa que en estos momentos está siendo mal juzgada desde los más altos niveles de gobierno en el país, porque de darse un colapso en ella, los principales afectados son los programas de gobierno que se nutren del pago de impuestos, precisamente de la clase media.
Así que la pregunta es ¿Dónde está y qué papel jugará la sociedad civil en estas nuevas administraciones?
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