Jorge Laurel González
Las guerras son siempre una derrota, siempre. No hay espíritu de Dios en la guerra, solo el del demonio.
Papa Francisco.
El conflicto entre Rusia y Ucrania ha sido uno de los eventos más significativos del siglo XXI, tanto por sus implicaciones geopolíticas como por el costo humano y material que ha dejado en su camino. Ahora, tras años de guerra, el desenlace es claro: Ucrania pierde el 20 % de su territorio, cediéndolo de facto a Rusia, ya sea mediante una negociación forzada o simplemente por la imposibilidad de recuperarlo. Esta resolución, aunque pone fin a los combates, deja un sinfín de preguntas sobre el liderazgo, los errores estratégicos y las lecciones que deja este episodio para el mundo.
Zelenski: del héroe a la resignación.
Volodímir Zelenski, el presidente de Ucrania, se convirtió en un símbolo de resistencia cuando comenzó la invasión rusa en 2022. Su liderazgo, basado en la comunicación efectiva y el carisma personal, galvanizó a su país y generó una ola de apoyo internacional sin precedentes. En un momento en el que se esperaba que su gobierno colapsara rápidamente, Zelenski desafió las expectativas, movilizando a la población y asegurando el respaldo de Occidente.
Su mayor acierto fue mantener el espíritu de lucha ucraniano y convertir el conflicto en una causa global. Su habilidad para usar los medios de comunicación, desde discursos emotivos en parlamentos extranjeros hasta su presencia constante en redes sociales, le permitió asegurarse de que Ucrania no fuera olvidada. Además, logró obtener apoyo militar y financiero de Estados Unidos, la Unión Europea y otras potencias, lo que permitió a su ejército resistir mucho más de lo que cualquiera habría anticipado.
Sin embargo, también cometió errores estratégicos. Su confianza en que la ayuda de Occidente sería ilimitada lo llevó a tomar decisiones que, a la larga, resultaron costosas. Apostó por una victoria total y rechazó oportunidades tempranas de negociación que podrían haber evitado la pérdida territorial definitiva. Su insistencia en recuperar cada centímetro del territorio ucraniano resultó insostenible en un conflicto de desgaste. Al final, cuando el apoyo occidental comenzó a menguar por el cansancio de la guerra y las prioridades internas de sus aliados, Zelenski se encontró con menos recursos y menos margen de maniobra.
Putin: la persistencia como estrategia.
Vladímir Putin, por su parte, ha demostrado ser un líder implacable, con una visión geopolítica a largo plazo que rara vez se desvía por la presión internacional. Su personalidad fría y calculadora ha sido clave en su estrategia: mientras el mundo occidental apostaba por una Rusia debilitada por sanciones y una guerra prolongada, Putin confió en la resiliencia de su economía y en la capacidad de su país para adaptarse a las circunstancias.
Uno de sus mayores aciertos fue aprovechar las divisiones dentro de Occidente. Mientras Ucrania dependía de la ayuda externa, Rusia buscó nuevos aliados en China, Irán y otros países que no siguieron la línea de sanciones impuesta por Estados Unidos y la Unión Europea. Además, su política energética le permitió sortear las restricciones económicas: aunque Europa intentó reducir su dependencia del gas ruso, muchos países encontraron formas indirectas de seguir adquiriéndolo, manteniendo el flujo de ingresos a Moscú.
Sin embargo, Putin también cometió errores. Subestimó la resistencia ucraniana y la respuesta de Occidente en los primeros meses de la guerra. Pensó que Kiev caería en días y que la OTAN no se involucraría de manera significativa, pero la realidad fue diferente. Su ejército sufrió pérdidas significativas y mostró deficiencias logísticas que debilitaron su avance inicial. Además, la guerra provocó un éxodo masivo de empresas y talento humano de Rusia, afectando su desarrollo a largo plazo.
Un final sin vencedores absolutos.
Aunque Rusia logró anexarse un 20 % del territorio ucraniano, la guerra ha dejado secuelas profundas en ambos países. Ucrania, aunque sigue siendo un Estado soberano, ha quedado devastada y con una población agotada. Rusia, por su parte, ha conseguido su objetivo territorial, pero a un costo enorme en términos económicos y humanos, además de quedar aún más aislada en el escenario global.
El conflicto también deja lecciones importantes para el mundo. Demuestra que las guerras modernas no tienen soluciones rápidas y que la diplomacia sigue siendo una herramienta esencial para evitar tragedias prolongadas. La comunidad internacional tendrá que decidir si acepta esta nueva realidad o si seguirá intentando revertirla a través de sanciones y presiones políticas.
Al final, tanto Zelenski como Putin serán recordados como líderes que tomaron decisiones difíciles en circunstancias extremas. Zelenski, como el presidente que luchó hasta el final por la soberanía de su país, aunque a un alto precio. Putin, como el estratega que, a pesar de múltiples obstáculos, consiguió parte de sus objetivos territoriales.El conflicto puede haber terminado, pero las cicatrices que deja en Ucrania, Rusia y el mundo seguirán presentes durante décadas. Recordemos que solamente Juntos, Logramos Generar: Propuestas y Soluciones.
JLG
