REFUGIOS ESPECIALIZADOS | EDITORIAL

Resulta increíble de creer que una ciudad con alto riesgo como es Acapulco, no disponga de sitios seguros para refugiarse en alguna emergencia a consecuencia de fenómenos naturales.

Y vaya que el historial de Acapulco no es cualquier cosa, porque tenemos como ejemplo los más espectaculares: Paulina, Manuel e Ingrid, Terremoto y Otis. Todos ellos han cobrado vidas, han dejado cuantiosos daños, pérdidas económicas, en fin unos verdaderos desastres.

Autoridades, vinen, van, están… y en sus planes de reconstrucción nada más no aparece ni apareció ningún proyecto especializado para ese tipo de inclemencias naturales. Podrán decir que en el último hecho climatológico era imposible preveer los daños, pero ahora que sucedió, ¿qué pretexto pueden dar para no incluir los refugios seguros como prioridad?

Qué los detendría, ¿el costo, la planeación, el proyecto?… no hay pues excusa alguna que pueda justificar la omisión, que de continuar cobrará muchas vidas más.

Ahora, bien, si al gobierno no se le ocurre, porque no quiere gastar (así lo ven, como gasto y no como una inversión social) ¿qué espera la sociedad para reclamarlo, para exigirlo? Vienen los tiempos de promesas de campaña, es buen momento para que hacer notar la urgencia de esas obras, por el bien de la gente de Acapulco.

Algún beneficio debe dejar la tremenda experiencia de Otis.

Por cierto, y ahí para quienes les gusta presumir las postales de Acapulco para decir que todo está bien. La naturaleza puede hacer que tiemble, llueva torrencialmente, destruya la ciudad y su gente… pero eso sí, al día siguiente habrá el espectacular amanecer y atardecer de Acapulco, el sol brillará, su mar azul lucirá y sus playas recibirán plácidamente la olas, porque naturalmente Acapulco es bello, aún sin los acapulqueños.