Mientras más nos tardemos en reconocer el crecimiento en el deterioro de la calidad de vida de quienes vivimos en Acapulco, más difícil será recuperarnos. Las justificaciones y la actuación de buena voluntad por delante, nos han demostrado que no es el camino adecuado, los resultados a la vista así nos lo demuestran.
Erróneamente algunos sectores oficiales consideran que mantener diferencias con la sociedad civil y el sector productivo es la forma de salir de los problemas que nos aquejan, nada más engañoso.
La realidad es que urge establecer una aproximación sincera entre todas las partes que conformamos la comunidad de Acapulco, para establecer reglas claras, de respeto y orden, con el único fin del bien común.
Los problemas cada vez se agudizan más: crisis en el servicio de agua potable, drenaje, prácticamente colapsada la red hidrosanitaria de la ciudad; un crecimiento desordenado de la actividad económica informal, que de por sí estábamos por encima de la media nacional al respecto; un complejo problema de inseguridad, que no disminuye a pesar de la llegada de más cuerpos de seguridad nacional; cierre de negocios y pérdida de empleo ante una carencia de programas de apoyo; en materia de salud, ni se diga… y así nos podemos seguir.
Por cierto, se habló mucho de la agenda 20-30, en referencia al programa internacional promovido por la ONU en materia social, económica y ambiental para aplicarse en Acapulco… ¿qué se ha hecho al respecto?
