Aleida Alarcón
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La violencia hoy es parte de la cotidianidad, y es grave, porque insisto, nos estamos naturalizando a ella; la polarización de la conducta social también es grave.
Empero, mucho mas grave, la violencia que vivimos las mujeres en todas sus dimensiones, esa sensación de peligro que día a día las nuestras vivimos en cada espacio que nos desarrollamos, desde esos micro machismos hasta las faltas a la seguridad física y desestabilizar la condición humana de tener un espacio propio, libre y seguro.
Las mujeres somos más de la mitad de la población en el país, en Guerrero representamos casi el 52% de quienes aquí habitamos con 3, 533, 251 mujeres en la entidad; eso significa que somos una fuerza de cualquier tema, laboral, de desarrollo económico, de fortaleza a la educación y cultura, etcétera. Hemos resistido por generaciones para que hoy las jóvenes y niñas vislumbren un futuro de paridad sustantiva y de igualdad de oportunidades, hemos avanzado porque ya tenemos mujeres en todos los espacios, desde todos los ámbitos están mujeres representándonos a todas.
Sin embargo, no es suficiente, porque la violencia disfrazada de “aliados” nos hace detener los pasos por el peligro en el que somos sumergidas de manera involuntaria y consciente por parte del otro género, quienes desde la concepción de la crianza donde “les pertenece” la familia, el hogar, la mujer, (sic), seguimos vulnerables. Y vuelvo a la violencia que se siente en contra de nosotras, somos tan frágiles a la vista masculina que hemos desarrollado la resiliencia al mostrar y “de-mostrar” (esforzarnos doblemente para hacer ver) nuestras facultades y virtudes, capacidades y alcances, toda esa integralidad que la misma vida nos ha hecho formarnos, mujeres jefas de familia, jovenes conquistando a las propias ciencias exactas para avanzar, aun cuando existieron otras que ya habían abierto el camino, como Marie Curie (científica francesa que descubrió la radioactividad), retos que vamos conquistando y dejando a las que vienen detrás nuestro. En eso debemos enfocarnos como sociedad, el desarrollo que hoy las mujeres jóvenes están siendo y están haciendo.
Pero dada la naturalización de la violencia, seguimos coartadas en este desarrollo, mujeres que sufren violencia de todo tipo en sus ámbitos laborales, desde la discriminación de un salario no paritario y la sobrecarga de funciones y/o responsabilidades, así como la invisibilización de la toma de decisiones para generar esos cambios sustantivos, mujeres que educan en sus aulas al futuro del país y son acosadas por sus propios titulares jerárquicos, mujeres que llevan dirigencias de transformación del entorno y son minimizadas por el simple hecho de ser mujeres, como si la gobernanza tuviese sexo, y lo puntualizo, ya estamos presentes en todos los ámbitos, presentes en todos los espacios de la agenda publica y privada, pero debemos de seguir, tenemos que continuar; como ese bloque de género que representamos en la población del mundo, porque en esos números somos casi el 51%, eso es tema de análisis y de reflexión, tenemos la fuerza, somos la oportunidad de lograr cambios y generar la renovación.
Porque todas para una y una para todas, hagamos conciencias basadas en la razón y en el respeto que merecemos cada una de nosotras, por la simple y natural existencia que tenemos, así como el lugar que ocupamos en la vida misma.
Todas con una y yo con todas, a ti querida Nancy, América, Cari, Nayeli, Yareth y Farydis, contigo Heriberta, Miryeli y Josefina, de pie con Miriam y Esmeralda, Gloria y Gaby, Dulce y Velia, Margarita y Rosalba, junto a Rosy y Adriana, Osiris, Génesis y Melina, con nosotras, una para todas y todas para una.
