
Por Jorge Ramírez
Por décadas, Acapulco fue sinónimo de fiesta. Sus discotecas no eran solo pistas de baile: eran templos donde el vinilo marcaba el ritmo de toda una generación, donde las luces de neón dibujaban siluetas y donde los “cuarenta y más” de hoy vivieron sus primeros amores al compás de Bee Gees, Madonna y Michael Jackson.
Ese espíritu fiestero, que parecía dormido entre el bullicio del puerto moderno, despertó con fuerza en días pasados. El exclusivo club Lucía fue el escenario de una vibrante Retro Party que reunió a más de 400 personas decididas a viajar en el tiempo, a las décadas de los 70’s, 80’s y 90’s.
La pista nunca se vació
Desde temprana hora, Lucía registró casa llena. No hubo pretextos: bastaron los primeros acordes de Stayin’ Alive o Like a Prayer para que la pista se encendiera y no parara hasta el final. Sentados o de pie, con una copa en la mano o con los brazos al aire, los asistentes —en su mayoría orgullosos acapulqueños de “cuarenta y más”— corearon y bailaron cada clásico como si el walkman, el cassette y CD fueran aún el último grito de la moda.
La decoración hizo el resto: psicodelia, luces de neón, cassettes gigantes colgando del techo y una bola disco que giró sin descanso. Por una noche, Lucía dejó de ser solo un club para convertirse en cápsula del tiempo. El aire olía a reencuentro generacional, a anécdotas compartidas y a esa energía colectiva que solo provocan las canciones que marcaron una época.
Más que una fiesta, un reencuentro
La respuesta del público fue contundente: alegría pura, abrazos entre viejos amigos y la certeza de que Acapulco no ha perdido su esencia. El puerto que inventó la vida nocturna en México volvió a demostrar que su ADN sigue siendo fiestero, musical y entrañable.
