Graduación de Primaria del Instituto México: un Adiós Entre Aplausos, Música y Muchos recuerdos

Por Edarty Ramírez

El martes 8 de julio, el Salón Espejos del Hotel Emporio se llenó de emoción. Entre aplausos, risas y algunas lágrimas, los alumnos de primaria del Instituto México celebraron su ceremonia de graduación, acompañados por sus familias, maestros y quienes han estado a su lado durante todo este camino.

Los niños hicieron su entrada al centro del salón al inicio del evento, rodeados de ovaciones y gritos de orgullo que avivaron el ambiente. Poco después, interpretaron la canción “Amigos”, una melodía que reafirma los lazos creados a lo largo de seis años. Más adelante, demostraron su talento musical con instrumentos de percusión y sus voces, dejando claro que lo aprendido es integral, va mucho más allá de los libros.

La alegría continuó con su número de baile, al ritmo de “Fiesta” de Banda Blanca. Saltaron, rieron y disfrutaron sin miedo al ridículo, como solo saben hacerlo los niños. Fue imposible no contagiarse de su energía.

Antes de la entrega de documentos, los alumnos Sarah Vejar Torres y Matías del Río tomaron el micrófono para dar sus palabras de despedida. Con nervios y ternura, agradecieron a sus compañeros, a sus familias y a sus maestros.

Luego vino la entrega de documentos, uno por uno, con nombres llenos de historias. También se reconoció a los alumnos más sobresalientes, aquellos que destacaron por su dedicación y esfuerzo. La directora general del Instituto México, Lic. Aída Espino Barros Ramírez, compartió un mensaje lleno de cariño y buenos deseos, acompañada por el Lic. Jorge Justino Medina Terreno, supervisor de la zona escolar 052. También estuvo presente la C.P. Elizabeth Torreblanca Rodríguez, presidenta de la sociedad de padres de familia.

Tras los abrazos y las fotos, llegó el desayuno. Un menú de tres tiempos: fruta fresca, chilaquiles y postre. Fue un momento para respirar hondo, compartir la mesa y ver a los niños en lo que quizá fue su último recreo juntos.

Y claro, no podía faltar la pachanga. La pista de baile se llenó de pasos alegres, abrazos improvisados y risas de esas que suenan fuerte. Porque así deben ser las despedidas bonitas: con música, con orgullo y con la certeza de que lo vivido fue tan verdadero que ya no se olvida.