
Edarty Ramirez
Con el pulso al aire y el entusiasmo a flor de piel, cientos de padres, madres, amigos y familiares se reunieron con el deseo de celebrar la Navidad junto a los niños y jóvenes del Instituto Londres, quienes presentaron su pastorela en el teatro al aire libre del Parque Papagayo.
Alrededor de las seis de la tarde, con el público ya preparado, los inuit irrumpieron con sus bastones en alto para anunciar la llegada de la Navidad. Recorrieron los pasillos hasta llegar al escenario, donde dieron inicio a la danza. Los habitantes de la fábrica de Santa tampoco se quedaron atrás: el dorado llenó el ambiente de alegría antes de la aparición de los copitos de nieve.
Al puro estilo del rock and roll, los elfitos del kínder tocaron guitarras mientras el chef oficial, Crispín, terminaba de hornear las galletas. Los dulces bailaron con emoción, al igual que los juguetes, y las estrellas brillaron bajo el cielo despejado. Más tarde, los jóvenes hiphoperos encendieron al público con su ritmo atrevido.
Pero no habría pastorela sin un mensaje que tocará el corazón. El profesor Arturo solo deseaba un amigo y, con sinceridad, invitó a sus alumnos a pasar con él las fiestas decembrinas. Al principio se negaron y solo aceptaron después de ser reprendidos por la hermana Virginia, quien pensó que intentaban aprovecharse de él.
Decepcionado, Arturo creyó que pasaría otra Navidad en soledad, pero Santa no lo permitiría. Voló con sus renos hasta su hogar para demostrarle que un deseo nacido del corazón es la esencia más pura de la magia. Así, la tristeza se derritió, nacieron nuevas amistades y el espíritu navideño se extendió más allá del escenario.
Entonces llegó el gran final: los pequeños al frente, los mayores detrás, todos corriendo, saltando y celebrando, envueltos en una calidez indescriptible que solo se siente en estas fechas. En medio de los aplausos, el director recordó que el Instituto Londres no es solo una escuela, sino una gran familia donde todos son aceptados y bienvenidos.
Al concluir la función, los padres se acercaron para tomarse fotografías del recuerdo, mientras los niños se despedían entre abrazos y sonrisas, conscientes de que no volverían a verse hasta el próximo año, pero llevando consigo la certeza de haber vivido una Navidad llena de magia, unión y esperanza.