ENFERMEDAD SOCIAL | EDITORIAL

En la historia social de Acapulco hay un fenómeno que ha ido creciendo, primero volteamos la cara para dizque no verlo, encerrándonos en la burbuja de la zona de confort… pero que Otis mostró crudamente: Hay un deterioro del tejido ciudadano, brutal, los saqueos por más de 4 días, nos lo dejan ver. Es sin distingos de clases, posiciones o educación, parejo se mostró.

Hasta el momento no ha sido atendida esa situación, ni tampoco la salud mental de los acapulqueños de por si deteriorada por la violencia e inseguridad de los últimos años.

¿A qué viene esto? A que el jueves 11 de enero Acapulco estuvo en un toque de queda de facto ordenado por poderes no oficiales, a lo cual la sociedad ya no se rebela, por el contrario, lo acata lo más pronto posible.

Conforme avanza, tiene dos vertientes: la de la sumarse a hacer lo que se hizo momentos después del paso del Huracán Otis contra todos los negocios e inmuebles que se les atravesaran, o se convierte en miedo, el cual puede paralizar a una ciudad, como sucedió el jueves pasado.

Hay mucho por reconstruir en nuestra ciudad, más allá de lo material que igualmente quedó muy dañado.