
Los resultados presentados por el INEGI en este inicio del 2026, no son nada halagadores en cuanto al tipo de ocupación económica de los habitantes de México. Pero si a nivel nacional, las cifras llaman la atención, en el caso de Guerrero y Acapulco concretamente es preocupante.
Los nuevos datos del INEGI indican que el porcentaje de informalidad laboral en el estado de Guerreros es del 77:2%, una de las tasas más altas del país, así como de acuerdo a los datos más específicos basados en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo presentados en noviembre del 2025 ratifican la cifra e incluso otros reportes la consideran más cercana al 80% de informalidad. Y Acapulco, es el reflejo de ello.
La media nacional de informalidad ronda sobre el 54.6%, por lo que casi andar por el 80% es un dato que debería prender los focos rojos de las autoridades en todos sus niveles, ya que no es lo más adecuado para el crecimiento de una economía.
Y sólo en México a la informalidad le consideran como parte de la “ocupación” de la población económicamente activa. El crecimiento de ese sector en la economía local impide la creación de empleo formal e inversión sustentable. No hay confianza en una ciudad que tiene más “ocupación” informal sobre la formal.
Ese fenómeno inhibe la inversión sana para reactivar la economía local, evade el pago de impuestos y por supuesto no genera empleo formal con todas sus prestaciones. Lo que llama la atención es que a últimas fechas, pareciera que el sector informal es fomentado desde el sector oficial, como parte más de una estrategia política-electoral.
Para ponerlo más a detalle: de cada 10 acapulqueños económicamente activos, 8 son informales y sólo 2 están en la formalidad. ¿Qué indica ello? Que los que generan empleo e inversión, es decir el sector productivo, está inhibido sin atención e incentivos para reactivarse., y muchos de ellos han preferido irse.