
Jorge Laurel González
“La política es demasiado importante como para dejarla solo en manos de los políticos.
Cada elección es, en el fondo, un acto moral:
una afirmación de lo que una comunidad tolera,
pero también de lo que está dispuesta a exigir.
Cuando los ciudadanos renuncian a pensar,
otros pensarán —y decidirán— por ellos.”
George Orwell (Pseudónimo de Eric Arthur Blair, escritor británico 1903 – 1950)
Acapulco comienza a respirar, de manera inevitable, una atmósfera preelectoral. No es aún el estruendo de las campañas ni la saturación de espectaculares, sino algo más profundo y revelador: el inicio de la conversación pública con nombres, trayectorias y expectativas. Esa fase, que a veces pasa desapercibida, suele ser la más honesta, porque todavía no está contaminada por la urgencia del voto, sino por la reflexión sobre el rumbo que queremos para el municipio. En este escenario incipiente destacan tres perfiles distintos, provenientes de trincheras políticas y sociales diversas, pero con un denominador común: generan atención, respeto y discusión seria en la sociedad acapulqueña. Eso, en sí mismo, ya es un síntoma positivo. Por un lado, Carlos Morillón Ramírez, actual Secretario de Finanzas del Municipio. Su responsabilidad no es menor. Administrar las finanzas públicas en una ciudad como Acapulco implica tomar decisiones complejas, muchas veces impopulares, pero necesarias. En un contexto donde la reconstrucción, la prestación de servicios y la recuperación económica exigen recursos bien gestionados, el papel de Finanzas se vuelve estratégico. Carlos ha demostrado formación, método y una visión técnica que entiende que cada peso bien administrado impacta directamente en la confianza ciudadana y en la viabilidad de los proyectos públicos. La estabilidad financiera municipal no es un discurso: es la base silenciosa sobre la que se sostiene todo lo demás. Desde otra posición política, Jacko Badillo, diputado local, representa una oposición que ha ido madurando. En tiempos donde la confrontación estéril suele generar más ruido que soluciones, resulta relevante encontrar perfiles que entienden el valor del contrapeso institucional. Jacko combina juventud con preparación, discurso con trabajo legislativo, y una presencia constante en la discusión pública. La oposición no debe ser vista como un obstáculo, sino como un componente esencial de la democracia local. Cuando se ejerce con argumentos y propuestas, eleva el nivel del debate y obliga a todos a mejorar. Y desde el ámbito empresarial y social, Fernando Reina Iglesias aparece como un perfil con reconocimiento ciudadano. Su trayectoria como empresario le otorga una visión práctica de los problemas del puerto: empleo, inversión, confianza, competitividad y responsabilidad social. Acapulco necesita, más que nunca, que la experiencia empresarial dialogue con la política pública. Fernando encarna esa posibilidad de tender puentes entre sectores que históricamente han caminado en paralelo, cuando deberían caminar juntos.
El empresariado no es ajeno a los problemas sociales; los vive, los enfrenta y, muchas veces, los resuelve desde la trinchera de la iniciativa privada. Lo valioso de este momento no es decidir hoy quién debe encabezar el futuro, sino reconocer que existen perfiles con sustancia. Acapulco ha sufrido demasiado por improvisaciones, ocurrencias y proyectos sin profundidad. La etapa preelectoral debería servir para algo más que medir popularidad: debería permitir evaluar trayectorias, contrastar visiones y exigir claridad en las ideas. Como hotelero y restaurantero, sé que el turismo —principal motor económico del puerto— no puede depender únicamente de coyunturas o discursos optimistas. Requiere planeación, gobernanza, finanzas sanas, seguridad jurídica y diálogo permanente entre gobierno, empresarios y sociedad. Por eso resulta alentador que los nombres que hoy comienzan a escucharse provengan de ámbitos donde la gestión, la experiencia y la preparación han sido parte de su formación.
Esta antesala electoral es una oportunidad. Una oportunidad para elevar la conversación pública, para alejarnos del ataque fácil y acercarnos al análisis responsable. Acapulco no necesita más división; necesita liderazgos capaces de escucharse entre sí, aun desde posiciones distintas, y de entender que el bienestar del municipio está por encima de cualquier sigla o interés particular. Si logramos que esta etapa previa se construya con respeto, reconocimiento a los perfiles sólidos y exigencia ciudadana informada, estaremos dando un paso firme hacia un mejor Acapulco. El puerto lo merece. Su gente también. Las elecciones municipales son el termómetro más honesto de una democracia. Ahí no se vota por abstracciones ni por discursos lejanos, sino por personas visibles, por trayectorias conocidas, por quien ha caminado las mismas calles, enfrentado los mismos problemas y compartido las mismas crisis. Cuando el municipio elige bien, el país avanza;
cuando el municipio se equivoca, la nación lo resiente. Recordemos que solamente Juntos, Logramos Generar: Propuestas y Soluciones.
Jorge Laurel González
Hotelero, restaurantero
Autor de Turismo con Propósito