Hace unos días nos preguntábamos, ¿qué le sucede a nuestro país? ¿porqué con tanto talento y recursos naturales no logramos todavía ser una nación desarrollada? Y nos remontamos al viejo y famoso chiste de que cuando Dios dispuso de cómo quedaría dividida la Tierra, varios de sus asesores le reclamaban que pusiera en México tanta belleza, recursos naturales, diversidad de culturas y todo aquello que pudiera considerarse como un sitio privilegiado… y ante ello, Dios contestaba: pero le voy a poner a los mexicanos y ya verán.

Ese chiste viejo y repetido toma una súper vigencia en estos días. Vivimos en un país en el que cada día crece la inseguridad, la informalidad, el desempleo, la falta de oportunidades, se divide más. Y sin embargo, contra todo augurio tiene un pequeño repunte en su macro economía. Todavía más de 20 mil ciudadanos mexicanos pudieron ir a Sudáfrica gastando un promedio de 200 mil pesos cada uno en ese viaje.

¿Qué tan cansado está el tejido social con sus instituciones? Es decir, la sociedad, qué tanto ha permitido que a su lado o en su hogar se hayan arraigado indicios de ilegalidad, disfrazada de hartazgo hacia sus gobernantes, hacia la necedad de los políticos por dividir a México con el fin de recoger aunque sea a pedazos el poder. Esa ambición por lograr un poder cada vez más deteriorado y compartido con fuerzas de facto.

Hay un abismo entre los tres poderes de gobierno y los ciudadanos. La gente quiere reformas y los grupos políticos sólo ambicionan poder. Hay una impotencia ciudadana ante la serie de atropellos oficiales y omisiones del poder legislativo por crear las reformas estructurales que pudieran ayudarnos a medio salir de la situación en que nos encontramos.

¿Quién le va a explicar a los jóvenes de ahora que cuando lleguen a la edad productiva no tendrán oportunidad de empleo y que salieron con una deficiente educación porque ningún legislador se atrevió a realizar las reformas a la Ley Federal del Trabajo o al sistema educativo nacional? ¿Quién podrá pedirles a esos jóvenes -como a los de ahora- que no se inclinen hacia actividades ilícitas si no exigimos a los que están en el poder que cumplan las leyes, que sancionen con justicia, que no desvíen recursos y que legislen por México?

No queda más que ser solidarios con uno mismo, con tu familia, con tu colonia, con tu ciudad, con tu estado y con tu país… sencillo ¿verdad?

SOLIDARIDAD CON MONTERREY.- Y refiriéndonos precisamente a la solidaridad social, un grupo participativo y entusiasta ha promovido el apoyo a nuestros hermanos regios, por lo que estará abierto un centro de acopio en las instalaciones de la Organización Ferretera en Av. Farallón hasta el 22 de julio. Seamos recíprocos, cuando sufrimos el daño por Paulina, ellos nos ayudaron, ahora nos toca a nosotros.

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